24 HORAS EN KENIA

24 HORAS EN KENIA

Son las 7.30 de la mañana y Myriam y Rocío me esperan en la cafetería del aeropuerto. Tras meses de trabajo al otro lado, ha llegado el momento, estamos en Kenia.

El taxi nos espera. Durante todo el camino al piso de Nairobi, no puedo articular palabra, todo a mi alrededor me tiene hipnotizada. Desde los anuncios pintados en muros grises a lo largo de la carretera, hasta la manera tan peculiar de saludar con abrazos. Mientras observo por la ventanilla del coche no puedo evitar pensar en ese día de septiembre que quedé con Elena. Recuerdo perfectamente la ilusión con la que hablaba de Más Por Ellos, ese brillo en los ojos que solo aparece cuando sabes que estás haciendo lo correcto: PERSEGUIR TUS SUEÑOS. Fue ahí cuando supe que quería formar parte de este sueño. Y aquí estoy hoy, después de meses haciendo Más Por Ellos en España, toca estar en el verdadero campo de batalla.

Llegamos al apartamento, mi casa para los próximos meses. No hay tiempo, apenas tengo tiempo para avisar de que he llegado bien. Hay mil cosas que hacer antes de irnos a TALA, donde se encuentra nuestra casa de acogida, a pasar el finde. Cojo dos cosas para los próximos dos días y salimos directas a GRACE HUMANITAS SCHOOL, uno de nuestros coles en Kibera. Ahí está, ante mis ojos uno de los proyectos en los que más ganas hemos puesto junto al Colegio Humanitas Tres Cantos en Madrid, nuestro primer proyecto de sensibilización. ¿Cómo puede ser posible que nosotros, un grupo de jóvenes, consigamos esto? Pablo, el encargado de este proyecto, alucinaría. Entonces llegan los niños corriendo y riendo a saludar. Todos quieren que les cojas, les abraces, juegues… todos transmiten felicidad, VIDA.

humanitas

Una vez terminamos ahí, volvemos a la carrera para encontrarnos con el resto e ir juntos a TALA en «matatu». Para quien le suene a chino, los «matatu» son furgonetas que sirven de transporte público, tanto urbano como para viajes de larga distancia. Tras dos largas horas de camino, por fin llegamos a TALA, pero para mi sorpresa no a nuestro destino. Según bajo del vehículo me encuentro a un montón de gente que en medio del caos no hace más que saludar chocando el puño.

Nairobi_matatu

Nos acercamos a un grupo de motos, mis compañeros empiezan a saludar y me dicen: “Móntate detrás de Rocío, que llegamos tarde.” No me había dado cuenta de que ella ya estaba montada tras el hombre que conducía la moto. Yo no daba crédito, “¿Vamos a ir los tres? ¿De verdad? ¿Me vacilas?” Mi cara después de una noche de despedidas, un vuelo de 15 horas y 2 horas de «matatu», todo un poema. Muerta de miedo, me siento detrás de Rocío. Se ríen de mí, y para tranquilizarme me explica que estamos yendo en “Piki-pikis” y que es la manera de llegar a la casa de acogida. Yo sigo sin fiarme mucho pero la verdad es que poco a poco le cojo el gustillo a esta nueva manera de viajar. En realidad, para ser sincera, me tranquilicé cuando vi a la policía al lado y no nos dijo nada. A lo largo del trayecto, veo pasar un paisaje verdoso gracias a las lluvias, casitas en mitad del campo y Kwatombe Primary School, el colegio al que van nuestros niños. En ese instante sentí un escalofrío, la casa de acogida estaba cerca. ¡Al fin!

Bajamos de la moto y mi cara cambió completamente. ¡Era real! Ya no lo veía en fotos, lo estaba VIVIENDO. No podía creerlo, todo estaba ahí, los baños ecológicos, la oficina, las habitaciones, la cocina, la huerta… y los niños. Cuánto ansiaba conocerlos. Ya no eran imágenes de Instagram, estaban a mí lado saludando, corriendo, jugando… INCREÍBLE. Fue emocionante volver a ver a Eric, el encargado, con el que había coincidido meses atrás en Madrid. Me presentó a los voluntarios y trabajadores, explicándome como hacen posible el funcionamiento de nuestra casa de acogida. No pude quedar más impresionada.

watototala

El domingo volvimos a Nairobi y no pude sentirme más en paz. Ahora es cuando ves reflejado todo el trabajo llevado a cabo en Madrid. Los eventos, los brain storming, las reuniones en casa de Rocío y luego en nuestro querido Sony’s, esas luchas con los proveedores, los quebraderos de cabeza con los Excel… TODO cobra sentido. Solo puedo dar las gracias a socios, padrinos y ambos equipos, tanto Kenia como Madrid, por hacer que esto sea posible. Y espero que los que todavía no han tenido la oportunidad de experimentarlo puedan hacerlo pronto.

Estoy segura que estas primeras 24 horas en Kenia solo eran el reflejo de todo lo que me queda por VIVIR aquí.

«Sí, arriésgate. Esa es siempre la respuesta.»

Marta

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