Alicia en Lisha

Alicia en Lisha

KARIBU LISHA

Antes de llegar a Lisha ya tenía algunas ideas de lo que me iba a encontrar, aunque ninguna parecida con la realidad que comencé a vivir en Julio de 2021. Pisar suelo africano por primera vez fue una sensación como la de volver a nacer en un mundo completamente diferente al que conocía, pero en ningún momento sentí estar lejos de mi hogar. En mi viaje a Kenia fueron apareciendo personas locales en el camino que me hicieron la llegada al país todavía más fácil. Aunque esto tan sólo fue un breve antecedente del cariño y la cercana acogida que recibiría durante mi estancia.

Los primeros días todo me llamaba la atención, como a una niña una atracción de feria llena de luces. Un cúmulo de sensaciones me invadían todas a la vez; nervios, emoción, expectación, ilusión y ganas, muchas muchas ganas. Quería conocer a aquellos niños/as que esperaban mi llegada y también a los trabajadores locales que se acabarían convirtiendo en algo así como mi familia Keniana. 

Cuando llegué a Lisha por primera vez el entorno me resultó familiar. Gracias a otras experiencias de mi vida en ambientes similares he podido experimentar algunas sensaciones que también encuentro aquí. Desconexión y paz. Algo así como estar en mitad de la nada rodeada de naturaleza y zonas rurales por todas partes. Aquí no existen las comodidades, sólo lo básico, pero suficiente para ser feliz. Si alguien no cree poder vivir así lo aprenderá rápido estando en este maravilloso lugar donde cada nuevo día es una lección de vida.

En Lisha la palabra unidad cobra un gran sentido. La gente que se encuentra aquí se cuida entre sí, incluso si para ello han de realizar tareas que inicialmente no tenían pautadas, el bien común prima ante cualquier cosa y en este lugar lo saben muy bien. Desde los más pequeños hasta los más mayores sin importar si es día de diario o descanso de fin de semana, todos y todas reman hacia el mismo lugar sin ninguna objeción.

Podría contaros que tardé un tiempo en adaptarme, que echaba de menos algunas cosas o que convivir con estas personas y todo lo que implica el cambio cultural me resultó complicado al principio, pero sería mentira. En tan sólo unas semanas conocen mis costumbres, mis gustos y mi forma de ser y tratan de hacerme sentir como en casa, se preocupan por mi bienestar y me hacen los días más sencillos. 

Y qué deciros de los/las niños/as que viven en Lisha Children’s Home…no se puede definir ni expresar con palabras la cantidad de emociones que he vivido en tan poco tiempo con ellos/as. Son un ejemplo de resilencia, respeto mutuo, responsabilidad, convivencia, fortaleza, empatía, sencillez, etc. Antes de llegar a un proyecto como este, desde España empiezas a pensar en todas las herramientas y recursos que has aprendido a lo largo de tu vida para poder dar el 200% de ti y ofrecérselas a todos ellos/as, pero en cuanto entras por la puerta, eres tú la que no dejas de aprender.

En África o en España, los niños y niñas, niños/as son. Con sus momentos de brindarte cariño, otros en los que surge el conflicto, la conocidísima por todos/as “edad del pavo” y cualquier comportamiento habitual que encontréis en jóvenes y adolescentes. Nada difiere de eso y aunque las realidades y antecedentes por los que cada menor llega a este tipo de recurso puedan ser diversas, todos/as tienen algo en común, nunca pierden la esencia de lo que son. 

 

La diferencia de Lisha Children’s Home respecto a otros proyectos que tiene KUBUKA en Kenia, es que la intensidad con la que experimentas un solo momento se multiplica exponencialmente. Estas personas te abren las puertas de su casa, literalmente. Por eso, cuando vives y trabajas en el mismo lugar, compartes más allá de los ratos de ocio. De alguna manera te involucras en cada una de las historias individuales, las situaciones que atraviesan diariamente trabajadores y niños/as que están contigo. Te hacen partícipes de sus confesiones, eres testigo de sus procesos, eres parte del todo. Sin duda, es el mayor regalo que me brinda esta experiencia.

Así que, aunque todavía me queda mucho por compartir y aprender de estas personas, sigo el consejo que mi familia y amigos/as me dieron antes de venir:

VIVE Y SIENTE.

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