Asante Sana Colibríes

Asante Sana Colibríes

06.30h de la mañana y ya amanezco cuando Kibera todavía parece dormido y el resto de mis compis descansan y cogen fuerzas para otro intenso día en Kenia. Siempre se sorprenden de lo pronto que me despierto, pero lo cierto es que desde que pisé tierra Kiberana, cada noche al acostarme sigo viendo los rostros de la gente en mis sueños. No son pesadillas, tampoco sueños, es como un trance en el que creo que mi propia mente intenta asimilar todo que veo y vivo día a día en Kibera. Las mujeres con las que nos cruzamos por las estrechas calles de Kibera; la chica a la que siempre le compramos las samosas, o la que vive en frente de ella que peina a su peque cuando me dirijo a Kleanbera Reciclyng; o los jóvenes talentos con quienes voy entablando mas confianza en Made in KIbera (MIK); la simpatía de Wambu; la sonrisa de Patrick…, o si no las múltiples caritas de felicidad y profundas miradas de ojos negros de los nenes de Grace Humanitas…, el caso es que aunque pole pole (despacio) es la marca de identidad keniana, los días desde que llegamos parecen tan intensos que creo que mi mente y mi cuerpo no tienen tiempo suficiente para digerir todas las sensaciones.

¡Me levanto! La brisa fresca entra por la ventana entre abierta de nuestro piso en Langata, la misma por la cual días antes un par de monos intentaron entrar y compartir techo con nosotros. Me dirijo al salón como cada mañana, con la mayor sutileza posible, para no despertar a ningún compi ni pisar ningún colchón en los que duermen. Y una vez allí, aprovecho mi momento, ese en el que sol empieza a iluminar el cielo oscuro y tengo Kibera frente a mis ojos, un nuevo día de proyectos que conseguir, un nuevo día de pequeños impactos que crear en la vida de cada uno que, de una forma u otra, forma parte de la familia KUBUKA. Y siempre me vienen las mismas dudas a la cabeza, yo tengo un colchón y techo donde dormir al otro lado del riachuelo, un café caliente para empezar el día, y me pregunto… ¿cómo comenzarán su día nuestra gente de Kibera?

Es uno de los muchos momentos en los que paro en seco a darme cuenta de lo injusta que es la vida y de la suerte que tenemos de haber nacido donde nos ha tocado nacer, en el otro lado del muro. Porque cuando no vives una experiencia de voluntariado como lo hicimos nosotros, en toda su esencia, en todo su ser, parece que si no vives de esta forma el voluntariado, la realidad del mundo, muchas personas construyen un muro en sus vidas. Un muro para estar a salvo,  saben perfectamente lo que hay al otro lado pero prefieren no cruzarlo para evitar que el corazoncito duela. Siendo parte de KUBUKA no sólo atravesamos ese muro, lo eliminamos y nos dimos cuenta de que la vida hay que vivirla a cuatro manos, que hay que tener la cabeza en las nubes y los pies muy firmes en la tierra para hacer tus sueños realidad.

Entre otras cosas, eso ha significado para mí  este voluntariado en Kenia, un sueño lograr que dos hermanitos huérfanos que viven en el slum de Mathare (los dos niños mas tristes que he visto en mi vida y sin un gesto de emociones en sus rostros desde que los conocí), terminasen el día riéndose; un sueño poder tener una reunión junto a Wambugu y Patrick y aprender que las cosas despacio y con cariño siempre salen mejor; ver como unas adolescentes tímidas de Tala pierden la vergüenza y se abren a compartir conmigo sus miedos e inquietudes sobre las enfermedades de transmisión sexual; haber podido contribuir con ideas y sugerencias a un mejor funcionamiento y, por tanto, un incremento en sus beneficios de la escuela politécnica de Tala; un sueño que Enganu me cogiese de la mano para contarme qué chico del cole le gustaba o tener entre mis brazos a una peque con SIDA y darme cuenta de la importancia de dar cariño y de lo que mucho que puede curar un abrazo…

Y como estos, 30 días de sueños cumplidos que antes solo leía en testimonios de otros voluntarios y 30 días del más bonito de todos los aprendizajes de mi vida.

Sería imposible poder quedarme con uno solo, cada proyecto, cada brainstorming en el salón, cada preparación previa, cada miedo a cruzar el “puente” para comenzar nuestro día, cada conversación con la gente local, cada cara de embobada cuando las coordinadoras nos explicaban la realidad de muchas situaciones,cada aventura en matatu, cada sonrisa de un niño o sus manitas tocándome el pelo y las manos, como si fuésemos tan diferentes…

Lo cierto es que en cierto modo lo somos, diferentes en color, en origen, en idioma… pero tan iguales en valores, en amor y en aptitudes para cambiar el mundo que lo que está claro es que todos podemos contribuir con una pequeña parte para hacer una más grande.

Estoy convencida de que los muzungus (blancos) nos llevamos mucho más de Kenia de lo que pudimos dar, pero también sé, que tanto yo como mis compis, dimos lo mejor de nosotros mismos, intentando crear pequeños impactos en la vida de todos aquellas personas con las que tuvimos la suerte de vivir esta increíble experiencia.

Esta es mi memoria de Africa. Diferentes pero al mismo tiempo tan iguales contribuyendo cual colibrí, todos con nuestra pequeña parte.

Asante Sana Colibríes, volveré seguro

Patricia Bertomeu, voluntaria de KUBUKA

2 Comments
  1. Hola!
    Llevo muchos años queriendo hacer un voluntariado en África y acabo de encontrar trabajo para ahorrar y poder ir…
    Actualmente hago voluntariados en hospitales, etc de mi ciudad, pero necesito ir más allá.
    Me encantan los niños y mi sueño es un proyecto en el que ellos sean los protagonistas.
    Podríais mandarme información?
    Gracias!

    1. Hola Victoria,

      ¡Muchas gracias por tu mensaje!

      En KUBUKA tenemos dos tipos de voluntariado: voluntariado de larga estancia (6 meses de estancia mínima) y de verano, (un mes de duración en julio o agosto en función del país.)

      En este enlace podrás encontrar toda la información http://www.kubuka.org/voluntariado

      Muchas gracias,

      Equipo KUBUKA

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