Asante Sana, Más Por Ellos

Asante Sana, Más Por Ellos

Duele decir adiós. Duele despedirse de momentos, recuerdos y personas. De etapas que nos marcan y que nos hacen crecer; que nos llevan un paso más cerca del camino correcto. O del equivocado, pero que por lo menos nos hacen lanzarnos a vivir y luchar por algo que merece la pena. Duele despedirse, en definitiva, de la persona que has sido, de esa parte de tu vida que, aunque no quieras, sabes que se quedará atrás. Y para bien o para mal, toca darse cuenta de que la vida tiene sus fases y que es inevitable decir adiós para dar un paso hacia adelante y avanzar. 

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Mientras escribo estas líneas, desde el aeropuerto y sentada en la puerta de embarque, me despido de estos últimos meses que he pasado en Kenia, una vez más, de la mano de Más Por Ellos. Es un momento agridulce en el que no sé si ponerme a llorar porque se ha terminado o reír por el hecho de que haya sucedido. Un poquito de cada, ¿no?

Me despido de Kibera, donde he pasado más tiempo que en cualquier otro sitio durante estos meses. Un barrio que tiene una imagen muy negativa, manchada de miseria, penuria y peligro, pero que me ha acogido con los brazos abiertos y que me ha hecho sentir como en casa. Un barrio que me ha regalado mucha felicidad, y bastantes quebraderos de cabeza, todo hay que decirlo, en el que he visto cómo se creaba magia a través de la música de Made in Kibera. Su gente se ha convertido en mi amiga, sus calles en mis paseos diarios y, tras sus puertas de hojalata, he descubierto auténticos tesoros.

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Me despido de Lisha Childrens’ Home, un pequeño paraíso escondido a hora y media de Nairobi. Este sitio me ha servido de refugio cada vez que he querido escapar de la polución y del caos de la capital. Durante los momentos de estrés y ansiedad, Lisha Childrens’ Home me ha ofrecido paz y, cada uno de los veintidós niños que viven tras sus puertas, se han convertido en mis veintidós diamantes. Veintidós diamantes que cada día van creciendo y formándose gracias al increíble trabajo de todos los trabajadores y voluntarios que dedican todos sus esfuerzos a hacer de este sitio un hogar para los niños.

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Me despido de Más Por Ellos, una organización que hace maravillas y en la que confío al cien por cien. Una organización que ha cambiado la vida de mucha gente; y que lucha, día a día, por hacer de este mundo un lugar mejor. Me es imposible plasmar sobre papel todo lo vivido, todo lo trabajado y todo lo conseguido. Nadie lo entendería, principalmente porque es necesario estar presente y ser parte de ciertos momentos. Momentos que se convierten en recuerdos; recuerdos que me llevo conmigo de vuelta.

Por último, y no por ello menos importante, me despido de toda la gente que he conocido durante este tiempo. De toda la gente con la que he trabajado en Kibera y en Lisha Childrens’ Home, que me ha hecho ver que no hay cultura o barrera que frene el desarrollo de una relación. De todos los voluntarios de Más Por Ellos que han pasado por aquí, que han trabajado sin descanso para que todos los proyectos avancen y se desarrollen correctamente. De todos los nuevos amigos que me llevo, que me han hecho vivir momentos inolvidables que no cambiaría por nada en el mundo.

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Especialmente de Myriam y Luis, compañeros incondicionales con los que he convivido y compartido las veinticuatro horas del día durante los últimos meses. Me despido de toda esta gente; gente estupenda que se ha convertido en mi familia durante mi estancia en Kenia.

Duele decir adiós. Duele despedirse de momentos, recuerdos y personas. De etapas que nos marcan y que nos hacen crecer. Pero yo no me  despido. Sé que no es un adiós permanente. Es, simplemente, un hasta luego.

Tuonane kisha na asante sana Más Por Ellos!

Inés Pérez

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