Cooperando en Costa de Marfil

Probablemente Costa de Marfil sea un país que no sepas ubicar en el mapa africano, ni sepas si es grande, pequeño, si es medianamente rico o no… simplemente te suena que está en África. Eso es lo que me pasaba a mí hace exactamente un mes.

Me llamo Carlos y el pasado mes de junio, a los pocos días de haber acabado la Selectividad, me embarqué con bastantes amigos del colegio hacia Costa de Marfil, uno de los países más empobrecidos de África por las constantes luchas de poder entre los gobiernos y los ejércitos. Los casi setenta que íbamos a cooperar nos dedicamos durante tres semanas a construir un colegio en una aldea perdida en la selva tropical marfileña, llamada Djangobó.

Durante esas tres semanas te vas dando cuenta, poco a poco, de la gran ayuda que estás aportando, aunque el primer o el segundo día aún no la hayas apreciado. Vas viendo cómo gente que vive con lo puesto no aspira a nada más, y que lo que tú le estás ayudando a conseguir significa sin embargo mucho para ellos. Ellos no se cansaban de agradecérnoslo y de los 16 días que estuvimos trabajando, en cuatro de sus noches vinieron a nuestras casas a dedicarnos bailes en señal de agradecimiento. Y es que ahora veo que otra ayuda como la que les hemos dado probablemente no la vayan a tener en mucho tiempo.

Tras estos días, la cultura de esas gentes te cambia y pasas a mirar Costa de Marfil -y en general todo África- de un modo muy distinto. Ahora no es un sitio más al que la gente manda dinero para ayudar, sino que es todo un continente que nos necesita.

Ahora llego a Madrid, y mi padre me enseña esta gran iniciativa de Más Por Ellos, y me parece que como voluntario que ya ha tenido una toma de contacto con África, debo colaborar con este proyecto para poder ayudar aún a más personas.

Para acabar os dejo un par de fotos. La primera es muy expresiva… no soy yo, sino un compañero. El edificio quedó terminado, como se puede ver en la segunda foto, prueba de que 70 chavales de 18 años somos más útiles de lo que parece.


Carlos Irisarri Suárez-Llanos
Julio de 2013
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