Cuando la experiencia supera las expectativas

Comienzo este articulo sentado en el aeropuerto de Kenia tras despedirme de Erick, que me ha acompañado hasta aquí. No paro de darle vueltas a qué responderé a la pregunta que me repetirán al llegar a España. «Qué tal en Kenia?», «Qué tal el proyecto?». Increíble, real… Es difícil explicar todo lo aprendido y experimentado estos días…


Los primeros días estuvimos centrados en buscar piso. Nuestro objetivo era encontrar uno con cuartos amplios para meter varias literas y poder así alojar a los voluntarios de larga estancia, aquellos que van a estar más involucrados en temas de microcréditos y empresas sociales. Para ello, el piso debía estar cerca de Kibera, dónde se van a concentrar nuestros esfuerzos para este desarrollo. 


Tras unos días paseando por los barrios de South B y Langata, dimos con el piso idóneo de una manera sorprendentemente rápida y fácil . La mudanza… la mudanza fue otra historia… En una sola pickup apilamos todas nuestras pertenencias y muebles de Erick que, sostenidas por cuerdas, formaban una columna de unos 3 metros de altura. Esto sólo lo puedes ver en África, menudos cracks!


Ya establecidos en nuestro piso, nos dispusimos por fin a cerrar el tema del terreno. Nos fuimos a una hora de Nairobi, cerca de un pequeño pueblo llamado Kangundo. Tierra roja, verde intenso, tal y como me imaginaba África… Un paisaje increíble. La idea era encontrar un sitio idílico para construir un orfanato y un colegio, un sitio donde los niños puedan crecer en un ambiente inmejorable y un sitio donde un colegio de secundaria haga una diferencia entre los niños de la zona. 


Antes de que yo llegara, Álvaro, Bea y Erick ya habían visitado bastante la zona así que esta vez íbamos un poco a tiro hecho, coger la piki-piki, ver un par de terrenos y listo. O por lo menos eso pensábamos, porque poco a poco llegaron las dificultades y nos dimos cuenta de que siempre pasaba algo con los terrenos. Nos enseñaban terrenos metidos entre valles, con unas condiciones increíbles pero al final resultaba que no estaban en venta, o no conseguíamos contactar con los dueños de los terrenos en venta. Nos enseñaban terrenos que no se ajustaban para nada a lo que estábamos buscando y encima nos los intentaban vender por 5 veces el precio. Este tema se convirtió en un absoluto quebradero de cabeza para nosotros. 
Tras unas semanas de problemas, entre todos decidimos que la mejor idea era que no estuviese ningún muzungu (hombre blanco) mientras veíamos los terrenos, así que Erick se quedó un fin de semana en Kangundo, donde vivía su novia Mónica. Era la única manera de zanjar el tema del terreno de una vez por todas, investigando por su cuenta. Poco después y casi al final de nuestra estancia ya teníamos terreno, uno que se ajusta a lo que teníamos en mente y sobre el que estamos en proceso de compra!! Llegamos a Kangundo con poca esperanza pero Erick es un GRANDE y cumplió con las expectativas. Es más, las superó. 

Fotografía de Andrea de Sancho
A pesar de los problemas que tuvimos con el terreno, no quisimos dejar de avanzar en otros aspectos . No todo es un camino de rosas y menos en África. Hay frustraciones muy grandes en este tipo de proyectos, diferencias culturales a las cuales hemos conseguido sobreponernos. Lo importante era no desesperarse y no quedarse parado.
Nos adentramos en Kibera varios días, dónde conocimos a muchos pequeños empresarios de la zona con diferentes negocios. Estos serán nuestros primeros contactos de microcréditos en el momento en que Coofund esté en funcionamiento. Visitamos varios orfanatos en zonas como Kibera o Mathare Valley. Conocimos a un arquitecto keniata, a un topógrafo y a nuestro nuevo abogado. 

Fotografía de Andrea de Sancho
En definitiva, hemos hecho esto y muchas cosas más. Tenemos mil pequeñas historias que os iremos contando y que nos hacían volver a casa cada día con una sonrisa, aunque cansados, deseando que no te tocase hacer la cena… porque las tortillas de patatas de Bea son insuperables!

En Enero vuelvo, y será increíble también ya que estaremos empezando a construir el orfanato. Me muero de ganas, pero no creo que olvide este primer contacto con África en mi vida donde «la experiencia ha superado las expectativas».

Álvaro Mesonero – Romanos

«Da lo que tienes para que merezcas recibir lo que pides.» San Agustín 

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