El síndrome del viajero eterno

El síndrome del viajero eterno

Ya han pasado casi dos meses desde mi vuelta a casa tras mi experiencia como voluntaria en Kenia. A pesar de que los sentimientos iniciales de extrañeza hayan disminuido, mantengo un lucha constante con el impulso continuo de regresar; un impulso para volver a cualquier lugar siempre y cuando no esté aquí. Sin embargo sé, que cuando esté de vuelta “allí”, sentiré el impulso de regresar aquí, el lugar al que llamo hogar. Es como si estuviera viviendo en una especie de realidad suspendida, nunca realmente allí, nunca realmente aquí. Tengo el síndrome del viajero eterno.

Ya había vivido esta sensación antes, pero ahora es diferente. Aunque ocho meses parezca un periodo corto, me acostumbré a la vida en Nairobi, al trabajo en KUBUKA y a las personas que me rodeaban día tras día. Cuando mi familia y amigos me dicen “¡Ahora vuelta a la realidad!” les contesto que esa era mi realidad. Despertarme a la mañana para organizar las reuniones y quehaceres del día, ir a Kibera a reunirme con la gente involucrada en los proyectos de KUBUKA, o simplemente a estar, era algo que disfrutaba, incluso el trabajo de oficina que por lo general no es algo que a muchos nos guste. Y como en todo, había momentos de felicidad, positivismo y euforia, pero también momentos de estrés, cansancio mental y rabia. Pero al final, la balanza se acaba inclinando por completo hacia esos buenos momentos en el colegio de Grace Humanitas, los sábados en Kibera Cinemax o las visitas renovantes a los proyectos de Tala.

Mi estancia en KUBUKA y en general en un país africano me ha enseñado y mostrado una nueva perspectiva principalmente de tres cosas. La primera, atreviéndome a generalizar al entero continente africano, sobre África y su gente. La segunda, más en el sentido profesional, sobre el sentido de la cooperación y sus mecanismos. Y por último, y diría que el más importante, una autocrítica sobre la forma de vida basada en el exceso que en el “mundo occidental” llevamos. No obstante, estos temas merecen más tiempo y espacio del que este blog me puede ofrecer para poder explayarme a gusto.

Siento nostalgia hacia el pasado y vértigo hacia el futuro, sin embargo sé que gracias a la increíble oportunidad que he podido vivir y experimentar junto a KUBUKA y mis compañeras que tanto añoro, acabaré haciendo caso a estos impulsos constantes y sin saber cómo ni cuándo, regresaré. Twende mbali.

Olatz Arana, voluntaria de KUBUKA

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