Que el equipaje no lastre tus alas

Que el equipaje no lastre tus alas

Nos encontramos en unas fechas en las cuales abundan las reuniones familiares, de amigos, luces y sonrisas por la calle.

Los niños de España son felices, están de vacaciones y disfrutan de sus planes. Esperan con ansia la mañana del seis de enero, donde se les ilumina la cara con la sonrisa más grande del año al abrir sus regalos. Han pedido esos regalos con mucho cariño a los reyes, y llevan esperando tiempo para ver si los reyes han escuchado sus deseos.

Los niños en Zambia y Kenia también son felices y están de vacaciones. Pero ellos siguen trabajando en casa, cuidando a sus hermanos, haciendo la comida y lavando la ropa. Además, siguen yéndose unas horas al día a trabajar para ganar dinero para su familia.

También esperan con ansia el nuevo año, que es cuando sabrán si pueden o no ir al colegio, dependiendo de que alguien pueda apadrinarles. Ese es su mayor deseo, su meta.

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Y qué tan merecida meta esa. Todos merecemos aprender. Hoy en día en España, ir a la escuela es algo incluso obligatorio, pero, por desgracia, en Zambia y Kenia la educación secundaria aún sigue siendo un privilegio.

Todos deberíamos tener derecho a cumplir nuestros sueños, fuesen los que fuesen. En ciertos lugares del mundo sigue sin ser así, y en gran parte es por razones económicas. Es por ello por lo que nosotros podemos ayudar a que otros los cumplan. ¿Cómo? Apadrinando.

Ellos, como todos nosotros hemos hecho de pequeños, también sueñan con ser médicos, pilotos, hombres de negocios, futbolistas, mecánicos, arquitectos… Pero muchos no tienen la oportunidad de serlo, ni siquiera de intentarlo. Porque nacer donde han nacido es razón suficiente para no poder ser lo que uno quiere. Las razones económicas se interponen frenando sus deseos y haciendo que nunca consigan esa educación que tanto esperaban tener.

Entre todos, podemos conseguir que esos niños de Kenia y Zambia tengan educación, un derecho humano,  y así puedan elegir el futuro que quieren construir. Nosotros podemos ser el hilo que aune sus fuerzas con los recursos que necesitan. Nosotros podemos conseguir que esos niños y niñas tengan la oportunidad de aprender, como nosotros hemos hecho. Ganas tienen para dar y regalar, pero les falta algo que, por desgracia, es imprescindible.

Juntos, somos más. Siendo más, tendemos más fuerza para desgastarla en que niños y niñas cumplan sus simples y grandiosos sueños de aprender.

«Que gane el quiero la guerra del puedo».

Apadrinamiento

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