En Kenia reconecté conmigo

En Kenia reconecté conmigo

Nuestros voluntarios KUBUKA son nuestra mayor suerte y nuestro mayor orgullo. Victoria ha estado en Kenia colaborando con los proyectos que KUBUKA tiene allí y nos cuenta su experiencia al volver a España.

Victoria, gracias, mil gracias, por formar parte de KUBUKA.

Mi experiencia en Kenia es casi tan difícil de describir como el sentimiento que me
impulsó a dejarlo todo y emprender ese viaje. No voy a escribir sobre cómo de necesitadas están las personas que conocí allí, ni de lo mucho que me enseñaron y tampoco sobre como yo intenté aportar mi granito de arena para ayudar. No voy a hacerlo sobre todo porque creo que me llevé infinitamente más yo que lo que poco que pude dejar de mí allí.

Es muy difícil responder a todas las preguntas que uno se hace sobre el mundo y sobre el porqué de las cosas, pero Kenia me ha dado pequeñas respuestas que ansiaba encontrar desde hacía tiempo. Nairobi ha sido mi reconexión conmigo, mi bocanada de aire fresco, mi mejor versión de mí. He aprendido mucho de los proyectos y de una cooperación con sentido, pero también he aprendido de las personas que estuvieron ahí conmigo, del equipo expatriado de KUBUKA, de los amigos locales dentro y fuera de los proyectos, y de todas esas personas desconocidas con las que intercambié breves palabras y que tanto me han enseñado de su increíble cultura y de su manera de ver la vida.

No se me olvidarán los eternos viajes en Matatu con ese estridente afrobeat y su consecutivo dolor de cabeza, las largas conversaciones sobre todo tipo de temas con Amal de camino a Kibera (o a cualquier sitio), los puestos de frutas y cosas diversas, los zapatos llenos de barro, las noches de Nairobi, las literas de mi cuarto y su particular colchón, los monos en la terraza, la “Tusker Beer”, los chapatis de Lisha, ese maravilloso café. También puedo asegurar que la luz que hay allí, no la he encontrado en otro lado.

Son tantas cosas las que echo de menos que ya estoy impaciente por volver.

Asante Sana Kenia
Victoria Pérez-Solero, voluntaria de KUBUKA

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