Gift of Hope

Hace unos días conocimos a Jacqueline, una chica canadiense que, con tan sólo 17 años, llegó a Kenya para hacer un voluntariado. Por casualidades de la vida, acabó en la misma organización en la que estuve yo en 2009 y los dos tuvimos la mala suerte de irnos sabiendo que no se estaba haciendo un buen uso de las donaciones. Los niños tenían todo lo necesario para vivir: un sitio donde dormir, comida, educación… Pero todo el excedente estaba yendo a parar a los bolsillos del director. 


El director salía una vez al mes de su comodidad del chalet de Westlands, uno de los mejores barrios de Nairobi. Se aseguraba que todo estaba bien y se llevaba algo de la ropa donada por los voluntarios. Ya no nos sorprendía que sus hijas apareciesen con algo de la ropa que habíamos traído para los niños huérfanos, ni que tuvieses que pagar por los botes de pintura. Ni siquiera nos llamaba la atención que no hubiese dinero para que uno de los niños pudiese curarse de una infección en el pie. Las donaciones de los padrinos tampoco se utilizaban de manera correcta. Con los 25 euros que donaban al mes, los niños venían una vez al mes a recoger un kilo de arroz, pero tenían que pagar por los cuadernos y bolígrafos donados.

Al cabo de un tiempo viviendo ahí, te dabas cuenta de que los ingresos y los gastos no cuadraban. Era sin embargo al hablar con los algunos de los trabajadores cuando te dabas cuenta de cuál era realmente el problema que tienen muchas de estas organizaciones.

En mi caso, cuando esto pasó, varios voluntarios pidieron explicaciones y antes de darlas decidieron echarnos del orfanato o acabamos yéndonos por nuestro propio pie. Hubo una temporada en la que no había voluntarios para que no se pasase la voz de uno a otro. Pero poco después volvió a pasar lo mismo y Jacky también tuvo que irse del orfanato.


Jacky no acabó el colegio. Llegó aquí con 17 años y dos años después de vivir esta experiencia decidió que iba a tomar su propio camino para poder ayudar a otros niños de una manera que ella considera más correcta. Es al saber su edad cuando nos damos cuenta del valor y la importancia de este gesto. Con 17 años, yo sólo pensaba en que llegase el fin de semana para salir con mis amigos, en el viaje que pretendía hacer el fin de semana o lo bien que me lo iba a pasar en verano. Ella, mientras, estaba planeando como ayudar al mayor número de niños de los barrios más afectados de la capital de Kenia. ¿No os parece increíble?

Jacky acaba de abrir un orfanato en Donholm, un barrio muy tranquilo cerca de un barrio slum, dónde pretende basar gran parte de su proyecto. Eric me había contado un poco cómo se estaba organizando. Me había imaginado un piso de unas cuantas habitaciones pero, para mi sorpresa, cuando llegamos nos encontramos con un chalet de dos pisos. Nos abrió un guardia de seguridad, atravesamos un pequeño patio y llegamos al salón donde nos encontramos a 11 pequeños comiendo en una mesa arroz con garbanzos, mientras en la tele puesta veían una peli de Disney, Los Aristogatos. Tres voluntarios de distintas nacionalidades nos enseñaron la casa y nos contaron los trabajos que están realizando. Mientras jugamos con los niños a las cartas y damos unos toques a un balón, Jacky nos cuenta su idea de comprar un terreno, nos explica sus formas de financiación y conocemos su página web: http://www.zawadilatumaini.com/.
Foto de la página web del proyecto de Jacky: http://zawadilatumaini.com/ 
Fue muy motivador pasar la tarde con Jacky, conociendo una ONG muy similar en todos los sentidos a Más Por Ellos. Sólo estuvimos dos horas con ella y, a juzgar por su sonrisa y su manera de contar las cosas, está sumergida en un sueño que no ha hecho más que empezar, un sueño muy parecido al nuestro. Esperamos poder colaborar con ella en un futuro, aprender de su experiencia y poderla ayudar con todo lo que esté en nuestras manos.


Gracias Jacky por un gran día y por esta gran lección!

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