Hasta pronto Kenya!

Aeropuerto de Nairobi, 22:45 de la noche. Mi avión de vuelta a España espera a sus viajeros. Mi barriga se sigue quejando de haber tenido, quizás, un último mes demasiado africano.

Ha sido muy extraña la sensación de despedirme de toda aquella gente. Gente a la que hace hace 7 meses no conocía y no tenía planeado conocer. Decidí venirme a Kenya porque un conocido, a quien hoy llamo “presi”, iba a formar una ONG. No tenía ni idea de que me iba sumergir en una bola de nieve que acaba de empezar a crecer.

Más Por Ellos significa todo lo busco: una forma de vida que equilibra la balanza desigual. Una oportunidad de vivir sin el egoísmo social que nos envuelve desde que nacemos, de despojarnos de todas nuestras ropas y reírnos cuando caemos al barro. Y una vez en el barro, darte cuenta que quieres ayudar a limpiar a aquellos no tienen la oportunidad de limpiarse por si mismos.

Es curioso como en Madrid, llamado por las Rastas “Babilonia”, se han intercambiado los puestos de la importancia. Nuestro exterior ha pasado al interior del observante jugando un papel fundamental en su juicio. Y el interior se ha guardado dentro de nosotros “para una mejor ocasión”. En Kenia, llamado por mi “Zion”, el exterior de las personas se reduce al color de los ojos, donde pretendes poder descubrir ese interior que algunos se han guardado.

fff

Mi mejor colega, Raffi , vende fruta debajo de nuestra casa. Cobra unos 80 euros al mes, de los cuales envía 50 euros para que sus hermanas puedan estudiar. Tiene 20 años y se dedica a repartir amor entre sus clientes, es su modo de ayudar. Le dimos un microcrédito para una máquina de palomitas y ha sido el primero en devolver el dinero.

Este Rasta vendedor de fruta, considera nuestra aparición como una bendición de Dios, como si Dios nos hubiera mandado para ayudarles. No soy muy creyente y no creo que mis creencias sean motivo de debate; pero aunque no sea Dios, algo bueno hay dentro de nosotros que nos hace actuar hacia el bien. Y si hacemos caso a ese algo, podremos mantener la esperanza de que lo bueno todavía tiene poder.

Darle un sentido real a la esperanza, que no tiene por que seguir esperando.

Pablo

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