Here, in Zambia, no es lugar para futuros

Here, in Zambia, no es lugar para futuros

Ellos corren para llegar a ti lo antes posible. Aunque se pinchen con los cardos o se quemen con las cálidas arenas zambianas. En cada paseo hacia Maramba o Mwandi, los más pequeños nos hacen disfrutar unas cuantas veces a diario de este mágico momento.

Son momentos así, pequeños, los que hacen que cada día sea especial y diferente. Y tan especial; y tan diferente…
Y de repente, dejo de hacer lo que estoy haciendo. Me paro, veo el lugar en el que estoy, el tiempo que llevo en él y el que queda por venir. Y fotografío mi alrededor con la cámara de mi cabeza, esa cámara que no tiene comparación con otra. Este momento siempre acaba igual, con una sonrisa en la boca y gran alegría en el corazón. Sonrío y dejo de pensar en ello. Porque éste no es lugar para futuros. No es lugar para pensamientos innecesarios.

Aquí, les gusta volar. Volar alto, perderse y no volver. Este es lugar para el presente. No es que vivan el día a día como solemos decir los que venimos para acá; es que tienen tantísima conciencia que no piensan ni siquiera en el momento siguiente a no ser que nosotros les hagamos pensar en ello.

Y lo veo en ellos, y lo veo en mi cuando estoy con ellos; cuando estoy aquí. Dejar de lamentarse del fracaso del día de ayer, porque ése, ya no tiene futuro. Dejar de preocuparse por la comida del día de mañana, porque hoy no es mañana, y con un día en la cabeza ya es suficiente. Porque aquí venimos y planeamos nuestro día a día, pero luego los de piel oscura nos enseñan que es absurdo, porque no se va a cumplir lo planeado. Además, eso significa estar pensando en lo que vas a hacer después de lo que estás haciendo ahora. Entonces, en tu mente, ¿dónde queda el ahora? Así consigues arruinar el presente recordando un pasado que no tiene futuro. Aquí saben que el tiempo no existe, que es solo una ficción creada por hombre. Aquí aprendemos a estar. Estar y punto.

Estar. Mwandi. Una explanada llena de niños con energía, entrenando, jugando y hablando. El sol bajando poco a poco diciendo adiós, y yo dando vueltas con cinco niños colgando de mi cuerpo. Estar. Dando vueltas, sin pensar en cómo volveremos luego a casa o a quién le toca hacer la cena. Y así debería de ser siempre. Porque esto muestra algo tan grande, importante y simple como la vida.

Estar. Maramba Home Base Care. Donde te das cuenta de que hay tiempo para todo. Y, si no, ¿qué más da? Es igual de importante volver a town para hacer lo siguiente, que trabajar en la huerta quitando cardos, o sentarte con las mujeres, Phillip, Muyangana y Nyambe a hablar, hacer collares y disfrutar. Ellos son los protagonistas, y no nosotros. He aprendido que hay que esforzarse en cambiar esa idolatría hacia los blancos, esa imagen que tienen de nosotros como si de dioses se tratara. He aprendido que nosotros les podemos enseñar cinco, cuando ellos pueden enseñarnos y aportarnos cuarenta.
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Era una tarde como cualquier otra cuando dimos un paseo para ir a Mwandi. Habíamos quedado allí con Tammy, una amiga que tiene un colegio. A la vuelta, con el atardecer a nuestras espaldas dando brillo a la tierra rojiza bajo nuestros pies, les dije a los niños que nos acompañaban que a la de tres había que correr. Y una imagen quedó entonces grabada en mi cabeza; todos esos niños poniendo su máximo esfuerzo en correr para llegar a una meta inexistente. Tuve que repetir el juego varias veces para no dejar de disfrutar de esa preciosa imagen que tanto transmitía. Tienen tanta paz, que un simple paseo con un zambiano basta para contagiarse de ella. Sus ojos pueden brillar o no, pero su espíritu vuela por encima de todos nosotros.

Mama Africa me preguntó que por qué veníamos aquí desde España si allí teníamos todo lo que podíamos llegar a desear. Después de pensarlo, le pude contestar sin dudar que en España tenemos todo lo material que podamos desear, pero nos falta algo que aquí está y que para mí es lo más importante: un corazón desnudo y transparente. Una humanidad deslumbrante. Un espíritu vivo que no se olvida de vivir. Ni un minuto. No, que nunca lo olvide.
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Estaba un día sentada hablando con Abby y Faith en el sofá de su casa. Entonces, me dijeron: «Shakakulabe, repeat it.» Les pregunté qué significaba y me pidieron que antes se lo dijese. Así hice, y obtuve esta respuesta: «I´ll never forget you, that´s what it means.» Me enseñaron que no sirve de nada guardarse los sentimientos, no decir algo que desde dentro quiere escapar.

Historias, vidas, amistades, trabajo… Un mes y medio compartiendo vida con zambianos que no dejan de sorprenderte día a día. Un mes y medio en el que no ha habido un día igual a otro. Emociones entrelazadas que siempre serán recordadas junto a los momentos correspondientes. Mucho aprendido de cada persona, mucho dejado atrás pero también, mucho que me llevo conmigo. Es precioso ver dos culturas tan distintas conviviendo, aprendiendo una de la otra, sin imponer ninguna y respetando ambas.

Perderse ha sido lo mejor. Perderse en sus vidas, en sus días, y así poder ser como ellos, aunque sea durante un momento. Nunca olvidaré el sentimiento que corre por mi sangre en ese momento. Mirarles, escucharles, aprender de ellos. Porque así, he entendido sus vidas y el sentido de Kubuka. Kubuka, Despierta. Se consciente y no pierdas ni un mísero segundo en este lugar. Se tú mismo, no dejes tu esencia atrás, que te acompañe allá donde vayas. Todo lo que llevas dentro, sácalo en este lugar. No nos permitamos a nosotros mismos arrepentirnos en España por habernos quedado dentro algo que aquí se tenía que quedar.
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Y me quedo con la gente. Con quien ha sido mi familia durante este tiempo y con los que simplemente están en esa misma esquina de la calle saludándote a diario cada vez que pasas. Me quedo con la paz que transmiten los niños, con los que muchas veces hay que comunicarse mediante señas y sonrisas. Con lo bonito que es eso. Me quedo con todos ellos porque viven. Y lo hacen con dedicación. Con la sinceridad de sus ojos, con sus palabras y su serenidad. Con sus corazones abiertos a dar y recibir. Sus historias y sus emociones. Con el proceso que ha sido que se abran y confíen. Y porque sin ellos, cada proyecto de Kubuka no sería lo que es. Ellos los forman, ellos los hacen ser.

Porque quien pone amor en las cosas que hace, quien las hace dedicando todo su yo a eso, ésas son las grandes personas; ésa es la clave del verdadero éxito. Creces hasta que decreces, y cuando decreces, creces un poquito más. Y así, nunca dejas de aprender. Pangono Pangono y con paciencia.

Permítete sentir, deja tu espíritu volar.

Casilda Cernuda

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