Kibera de un trazo

Kibera de un trazo

Una hilera de edificios tapa la vista pero al girar una esquina se extiende imponente el slum de Kibera. A su alrededor se alzan altas y abundantes las palmas y hierbajos donde meditan incontables moscas. En el barrizal sobre el que pisamos puedes encontrar cualquier desperdicio que el ser humanoes capaz degenerar. Abundan los plásticos pero también suelas de zapato, cajas de cerillas, mazorcas, pañales…

Corren riachuelos de aguas negras y pestilentes. Los olores se entremezclan, el humo de los hornillos de carbón con los puestos de patatas fritas, el gasoil de los coches con los cacahuetes tostados. Los animales forman un elemento más del paisaje, las vacas pastando en los descampados, los cerdos buscando en las zanjas su ración.

A medida que te adentras llama la atención la habilidad con la que han pergeñado todo un entramado de casitas, calles y puentes hasta conformar un universo propio y único. Palos cruzados, claveteados o sujetos con cuerda forman el esqueleto principal que se rellena posteriormente con rocas y adobe y se corona con una lámina de contrachapado como techo. Una maraña de cables conecta los hogares que gozan de luz eléctrica pero que sufren frecuentes apagones.

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Y es que aquí prima la imaginería, que algunos confunden con la chapuza por su apariencia. Ante un posible problemaencuentran una rápida y creativa solución. Tan pronto levantan un mural de casas, que hacen desaparecer un escape de agua, odan vidaa un aparato electrónico.

Entorno a su anillo central, que constituye el corazón de Kibera, bulle todo el comercio local: charcuterías, ultramarinos, peluquerías, bares, puestos móviles que desde el amanecer despliegan su arsenal de venta. Otros marchan al centro de la ciudad,a Town,y regresan a la puesta del Sol con la recompensa de su día de trabajo.

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Son nutridas las escuelas, que ofrecen una educación básica en swahili e inglés. El mapa del mundo, el alfabeto, las figuras geométricas, los números son absorbidos por los miles de niños que acuden cada día al colegio atravesando el slum. Los mismos que felices se alegran de verte y te dan la mano o te chocan su puñito.

A pesar de que a veces resulta desalentador, la vida recorre cada esquina de este microcosmos en constante movimiento. Aquí cuenta más el día a día, los planes futuros son un lujo reservado para otros. Es lo inmediato, el ahora, lo que prima. El riesgo te mantiene alerta y por consiguiente más perceptivo, permeable, adaptable.

La ropa raída, el barro en los pies, el sudor en la cara, la sonrisa en los labios, son el ADN de su gente. La autenticidad les caracteriza y destapa su esencia. Se muestran tal y como son, brillantes como el Sol que baña sus calles.

Javier Carramiñana

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