Los guerreros del bien

foto luna rota
Todo comenzó una cálida mañana de África. No recuerdo muy bien por qué decidimos ir a Makuyu. Makuyu aparece en mi vida mucho antes de que yo supiera que existía.
Álvaro, mi amigo, decidió irse a Kenia a hacer un voluntariado. Kenia le enamoró pero tuvo un problema con su orfanato. Mientras pasaban las semanas, el español se iba dando cuenta de que algo raro pasaba, los precios que los voluntarios pagaban por estar allí eran demasiado altos, y los niños no necesitaban tanto dinero. Hizo preguntas a Joffrey, que era la persona encargada del orfanato. A Joffrey no le gustaron sus preguntas así que decidió echarle. Ahí estaba Álvaro, en mitad de un campo africano por culpa de un corrupto que se quedaba con el dinero de los niños huérfanos.
El equipo:
ERIC CHALO: Keniata de nacimiento, ha sido capaz de escribir para ayudar sus verdades de pobreza. ERICMAN es único.
ÁLVARO MUTUKU: Keniata de corazón, gracias a él la vida de muchas personas va a cambiar a mejor.
PABLO MUTUA: Rastaman al que le gusta cualquier cosa que mejore el mundo. Odia las que lo empeoran.
MARIA FERREIRA: Española que tiene un curriculum impresionante. Licenciada en dramaturgia, María escribe para una página web on-line. Es estudiante de psicología, fundadora de la asociación Karubuni Kenia, trabajadora en el hospital Coptic de Nairobi, y en los ratos libres echa duelos matemáticos con Waldo.
WALDO: Larguirucho, con barba y cara fina. Tiene el síndrome de Asperger, es muy listo para los ordenadores y estudió ingeniera biológica, pero tiene dificultades sociales para relacionarse.
Waldo era nuestro conductor. Los otros cuatro ocupantes de aquel vehículo alquilado sabían de propios ojos que Joffrey era un corrupto. Yo era el invitado. Nuestra misión fue cambiando en su transcurso…
Habíamos llegado hasta la valla principal por un carretera preciosa que estaba rodeada de un verde intenso como el sol en lo más alto. Tenía una única dirección. Aparcamos y Eric se quedó en el coche.
Una vez dentro, la labor fue preguntar y grabar. Desde el primer momento, Joffrey se dio cuenta de que la go pro era una cámara y los falsos intentos de Waldo intentando explicar que era un cargador para la cámara, y que la auténtica estaba dentro, fueron ignorados. Cosas de Waldo… Apareció su mujer y yo me di cuenta de que las cosas estaban empezando a pasarse al lado de la alteración. Nos echó como había echado con mis compañeros tres años atrás.
Y una vez fuera de la verja principal se volvió loco. Waldo seguía grabando la situación mientras nosotros, indignados, hablábamos a la cámara para recordar las sensaciones. Joffrey decidió cogerla y meterla por la fuerza dentro del coche que estaba a escasos 5 metros con el morro mirando y Eric en la parte de atrás. No pusimos demasiadas objeciones en este sentido pero cambiamos de opinión cuando se negaba a dejarnos subir al coche.
A la voz de “ ¿Joffrey, quieres que te pegue?” Álvaro le empujó más fuerte de lo normal y cayó encima de unas rocas más grandes que una mano. Y, ya armado, vino a la parte delantera a quitarnos las llaves. Waldo forcejeaba con él mientras todos esperábamos que arrancase. Joffrey se quedó sin piedra, y fue en ese momento cuando Álvaro y yo salimos del coche para aprovechar la grieta en su defensa. Joffrey, mientras tanto, gritaba a su “soldier” que sacara la pistola. 
Con Joffrey neutralizado, corrimos al coche atemorizados por el posible disparo, mientras nuestro escudo de la suerte nos protegía y desviaba todas las piedras que Joffrey nos lanzaba. Nos metimos corriendo y con el ruido del motor que nos sacaría de la posible muerte encendido, asistimos en primera fila a “cómo Joffrey rompía nuestra Luna”. Fueron varias las pedradas que nuestra luna delantera recibió pero consiguió resistir lo suficiente para no caerse.
MARCHA ATRÁS!!!
Y fuimos marcha al seto. Con el coche calado y Joffrey acercándose con ganas de terminar la obra empezada, el pánico era el dueño del coche y los gritos de WALDO ARRANCA YA! cortaban el silencio. Arrancó y no frenó. El conductor, con una increíble serenidad en la cara, quería atropellar a Joffrey y solucionar el problema para siempre. Pero consiguió oírse a sí mismo, estoy seguro que sus pensamientos gritaban más que nosotros, y frenó. Marcha atrás, conseguimos salir de la carretera y decidimos con gritos de júbilo que debíamos ir a la policía…
Pensamos que no era buena idea ir a la policía de Makuyu porque Joffrey podía tener amigos dentro así que decidimos ir a Nairobi. Tras una larga espera en la comisaria, conseguimos que nos escucharan, pero nos dijeron que fuéramos a la comisaría más cercana a Makuyu y que les contáramos allí todo. Decían que si esperábamos a mañana sería más difícil detenerle así que, tras otras dos horas de vuelta, llegamos a una comisaria atendida por una señora que no nos hace caso, otra se queja de que acusemos de corrupción a la comisaría de Makuyu, otro viene nos entiende y nos escucha pero no cree que haya que hacerlo hoy. Y apareció el jefe, quién mirando el móvil intentaba comprender nuestra historia sin ser capaz de escuchar por estar borracho. Íbamos a irnos pero la misma señora que se quejaba de nuestras acusaciones de corrupción nos pidió 60 euros para acompañarnos a esa comisaria. Nos fuimos y dormimos en nuestra cama. Waldo y yo discutimos las 3 horas de vuelta sobre religión.
Dos banderas ondeaban en el fondo de la habitación que ofrecía las vistas del Nairobi rico. La cónsul española muy educada e inteligente ella, nos dio su opinión. Que dejáramos la justicia en España y la verdad en nosotros. Ella utilizó otras palabras.
Esta ha sido la primera historia de los GUERREROS DEL BIEN. En este capítulo, el MAL ha conseguido salir victorioso, pero se han reunido algunos de los mejores GUERREROS DEL BIEN y están viendo la mejor manera de derrotarle.
Ha habido rumores de que el BIEN está empezando a salir de la gente y que estamos reclutando GUERREROS para el combate. Yo confío.
«Volvemos a la batalla», dice mi padre en la cocina después de desayunar…
Pablo Pérez de Miguel
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