MADRID, KIBERA, UN DÍA CUALQUIERA…

MADRID, KIBERA, UN DÍA CUALQUIERA...

Madrid, 8 de febrero de 2016.

María tiene un retraso en su periodo, siempre ha sido muy regular por lo que compra en la farmacia un test de embarazo y se esconde en el baño de su casa. -Dos rallas, estoy embarazada. ¡Oh Dios mío estoy embarazada! Una mezcla de pánico, emoción e incertidumbre recorre su cuerpo. ¿Estoy realmente preparada para esto?, ¿seré una buena madre?, ¿podré dar a mi hijo todo lo que necesitará a lo largo de su vida? …. Más me vale empezar a leer libros, revistas, hablar más a menudo con mamá y ponerme al día.

Novio, familiares y amigos de María se vuelcan en ella y le proporcionan todo tipo de cuidados durante su embarazo, kilos de helado de chocolate y muchos mimos. Cuando el gran día se acerca todos se compinchan para preparar una gran Baby Shower Party con decenas de tartas de pañales, conjuntitos de crochet y accesorios bordados. ¡Bienvenida al mundo Carla!

Carla es un bebé normal con su cochecito ajustable para siesta y paseo, su intercomunicador con la habitación de su madre, sus sonajeros, su gimnasio, y todas las cosas. Cuando crezca lo suficiente, María le matriculará en un jardín de infancia porque Carla tiene que estar estimulada y su madre desocupada para reincorporarse a su empleo. A los tres años empezará a ir al colegio, en el que estudiará hasta los 18 sin mucha más responsabilidad que ser una niña sana y feliz: comer bien, relacionarse con los demás, jugar, aprender, hacer los deberes, respetar a su familia, y si estos son un poco estrictos hacerse la cama y recoger sus platos de la mesa.

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Seguramente la etapa más complicada de la relación entre María y Carla en esos quince años sea la adolescencia de Carla, en la que la niña desobedecerá, no pensará en nadie que no esté entre sus contactos de Whatsapp y llegará tarde a casa sistemáticamente. María entenderá que se trata de una época de rebeldía y lo dejará pasar sin poner mucha presión en ella.

Cuando Carla madure decidirá seguir estudiando o empezar a trabajar, o ambas, o no hacer ninguna de las dos cosas mientras siga viviendo bajo el techo de su madre, hasta los 20, 25 o 30, ya veremos.

Kibera, 8 de febrero del 2016

Mercy lleva un tiempo encontrándose mal demasiado a menudo, con el estómago revuelto y sin ganas de trabajar, lo que no es habitual en ella. Empieza a notarse el vientre y el pecho hinchados y decide ir a la clínica más cercana, un contenedor que Médicos sin Fronteras habilitó en el barrio hace un par de años. Le confirman que está embarazada. Mercy nunca se había planteado que esto podría ocurrirle y apenas se planteará lo que le va a conllevar.

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Mercy está sola, su familia está en la zona rural y los vecinos están muy ocupados con sus propias vidas. Incluso ella misma está demasiado ocupada para darse el capricho de quedarse en la cama uno de esos días de nauseas continuas o para descansar sus piernas hinchadas. Mercy sigue lavando a mano su ropa y la de sus hermanos menores, sigue limpiando casas para ganar el sustento y lo seguirá haciendo de la misma manera cuando llegue Anne al mundo, aunque con más peso en la espalda puesto que la llevará amarrada todo el día.

Anne no cambiará la rutina de su madre los primeros años de vida excepto porque Mercy empezará a mirar ropa de bebé entre los montones de todo a 30 céntimos del mercado Toi en Kibera y tendrá que comprar algo más de harina para papilla, arroz y verduras. Cuando Anne cumpla 4, 5 o 6 años, según lo rápido pase el tiempo, Mercy le matriculará en una escuela informal en Kibera. Esas escuelas que empiezan un grupo de vecinos para dar educación a sus hijos por un precio mínimo, unos 5 euros al mes que su madre no siempre será capaz de conseguir. Habrá temporadas que Anne estará en casa con sus hermanos, puesto que todos damos por hecho que no será la única hija de Mercy.

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Durante su periodo escolar, desde los 6 hasta los 15 años aproximadamente, Anne será cocinera, limpiadora, cuidadora de bebés, recadista, transportista de agua, etc. además de estudiante; de hecho, estudiar será la última de sus obligaciones. A lo largo del día encontrará sus ratos para ser niña y saltar a la cuerda, hacer una pulsera con elementos caseros o aprender una canción con sus amigas. Pero sobre todo trabajará y aprenderá a ser una mujer en Kibera.

Mercy se dará cuenta de que Anne está en su etapa adolescente cuando le pida “toallitas sanitarias” y ella tenga que hacer un esfuerzo económico extra en cada compra para la casa. Para entonces Anne ya estará físicamente y mentalmente preparada para empezar su propia vida.

Madrid, Kibera, un día cualquiera.

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