Mama Mercy

Tuve la suerte de conocer a Mercy hace 4 años cuando vine por primera vez a Kenia. Había ido a Nairobi a recoger a mi hermana que venía a visitarme. Después de 3 meses en Makuyu, estaba algo perdido en el caos de la ciudad cuando, de pronto, apareció una mujer de unos 60 años de edad ofreciéndonos su ayuda. Resultó que también iba hacia Makuyu así que nos sentamos juntos durante el viaje. Una pregunta derivó en la siguiente y acabamos enterándonos de que ella tenía un proyecto que había empezado hacía muchos años, y nos invitó a conocerlo. 

Nos contó que tenía a 300 niños en una casa de acogida. Hablaba de sus “hijos” como si fuesen unos ángeles caídos del cielo. Nos decía que no podía dejar a ningún niño en la calle y que tan solo dos días atrás había recogido a un bebé de dos semanas en una basura. Cada vez que hablaba te quedabas embobado con su forma de decir las cosas, el cariño que desprendía, lo gran persona que parecía ser, y la locura de todo lo que nos contaba.

Cuando volvimos a Nairobi, esta vez para dejar a mi hermana en el aeropuerto, no dudamos en ir a conocer el proyecto. Por aquel entonces, sólo había conocido varias ONGs de zonas rurales de Kenia, alguna en España, pero jamás me imaginé lo que podía llegar a ser un orfanato en un barrio slum de Nairobi. De hecho nunca había estado en un barrio slum.

Era domingo y llegamos a Mathare Valley a las 11 de la mañana. Traíamos una maleta llena de regalos para Mercy: compresas, pañales, juguetes, ropa… Cuando nos bajamos del matatu vimos que no había posibilidad alguna de arrastrar la maleta por el suelo, de hecho no podías ver el suelo por la cantidad de barro y mierda que había. Maleta a cuestas, bajamos por el slum hasta llegar a Good Samaritan Childrens Home.

Nos encontramos a Mercy nada más entrar y con uno de sus característicos abrazos nos hizo sentirnos como un hijo más. Dejamos la maleta en las oficinas y nos dimos una vuelta por el terreno para conocerlo. Mientras dábamos la vuelta nos acompañaban dos micos que se habían escaqueado de la misa que estaba dando el Padre Paul en lo que parecía ser un edificio a medio construir. Mercy nos contaba la historia de una de las niñas que nos acompañaba, al parecer la niña era maltratada por su padre, y Mercy no dudó ni un segundo en enseñarnos las marcas. Para cuando llegamos al cuarto de Mercy, estábamos a punto de caernos al suelo intentando encontrar una explicación de las injusticias que existen en el mundo.

Good Samaritan cuenta con cuatro cuartos para 300 niños, cuatro agujeros donde los niños hacen sus necesidades y se duchan, una zona donde hacer un fuego para cocinar, la oficina y el cuarto de Mercy. Al día siguiente nos volvimos a España con un sabor de boca muy distinto sobre las ONG de Kenia. Encontrarnos a dos bebés gordos que habrían muerto si no llega a ser por el trabajo de toda la gente de Good Samaritan nos dio la esperanza y la certeza de que nos habíamos encontrado con una ONG que realmente estaba haciendo una diferencia, que realmente estaba haciendo las cosas bien y que realmente estaba necesitada de ayuda.

Mi hermana y yo decidimos hacer una exposición benéfica en la Fundación Pons, que muy amablemente nos dejó su espacio durante una semana. Seguíamos en contacto con Mercy; nuestra idea era terminar de construir ese edificio a medio camino en el que se estaba oficiando la misa. Volví en verano para comprar los materiales con el dinero recaudado gracias a los ahora dueños de nuestras preciosas obras de arte. Nunca terminé de ver lo que se hacía con los materiales que compré pero ahora que he vuelto os cuento que da cobijo a los niños cuando llueve, les proporciona un sitio donde comer, tienen una cocina propiamente equipada… Mientras los más afortunados están en el colegio, ya que están apadrinados, una profesora voluntaria va a dar clase y entretener a los demás niños.

Una vez más, me vuelvo a ir de Nairobi con ganas de volver a ese pequeño escondite en Mathare Valley, dónde tanto disfrute hace unos años. Quiero volver a estar inmerso en el mundo de Mercy y ser un hijo más, y veo más que necesario compartir esta historia con todos vosotros.

Mercy es una mujer de unos 60 años de edad que ha dedicado más de la mitad de su vida a ayudar a niños huérfanos, abandonados o maltratados… Quedaros con su nombre: Mama Mercy. Esta mujer merece ser beatificada, reconocida por su gran trabajo, admirada… Esperamos colaborar durante mucho tiempo con ella, y darle a este proyecto el gran reconocimiento que se merece.

Thanks Mama Mercy!

Si tenéis un momento, podéis visitar su página web: http://www.africacircleofhope.org/

Álvaro

«Con constancia y tenacidad se obtiene lo que se desea; la palabra imposible no tiene significado.» Napoleón

SÍGUENOS TAMBIÉN EN FACEBOOK (Más Por Ellos), INSTAGRAM (@masporellos) Y EN TWITTER (@masporellos).

Leave a reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.