NUNCA ESTUVE EN AFRICA

Mi primera experiencia en trabajo social fue actividad extraescolar obligatoria. Consistia en ir a cuidar y ayudar con lo deberes a niños que se encontraban en situación de riesgo de exclusión social. Esta actividad fue una experiencia muy enriquecedora, pero me quedé con la espina clavada de no haber podido dar más perspectiva a esos chavales, debido a mi corta experiencia. Poco podía imaginar que de esa experiencia seguirían muchas otras en ONG en diferentes países, hasta llegar a este punto; Más Por Ellos.

Poco a poco he aprendido cómo funcionan estas organizaciones; el sentir de la satisfacción personal que te proporcionan. Pero si tuviese que elegir algo, me quedaría con la gente que conoces en este tipo de proyectos: personas que te enseñan a valorar lo que verdaderamente importa. Sí, esto es lo que me ha hecho escribir estas palabras. Es difícil contar o resumir todas estas experiencias, pero me quedaría con una que de verdad me hizo querer hacer de estas actividades una parte de mi vida.

Ocurrió el año pasado, en Brasil, donde me encontraba estudiando arquitectura con otros tres amigos. Allí, siempre que podíamos, nos escapábamos de viaje. Cogíamos la mochila y a la aventura. En medio de estos viajes tuvimos la suerte de encontrar una organización:. Un teto para meu pais (Un techo para mi país). Esta ONG se dedica a proveer viviendas modulares a familias desamparadas en lugares marginales de Sudamérica. En Brasil actúan en diferentes favelas, y la idea de conocer una favela desde dentro me atrajo enseguida. No dude en apuntarme a colaborar.

Partimos desde Sao Paulo hacia Guarulhos, un colonia rodeada por diferentes favelas. Nos instalamos en uno de los colegios de la comunidad, el recibimiento de la gente fue inmejorable. El plan consistía en vivir ahí unos días y colaborar en la construcción de estas casas. La experiencia no pudo ser mejor, y de ella saqué muchísimas cosas positivas. El primer día nos presentaron a las diferentes familias que ayudaríamos. Esto fue muy de agradecer, ya que nos acercó a los habitantes de la favela y pudimos ver como, emocionados, nos agradecían la labor que íbamos a realizar. Les íbamos a construir una casa, pero sobre todo, un hogar. Esta emoción por su parte nos dio, si cabe, más fuerza y ganas para ponernos manos a la obra.

Durante los días siguientes trabajamos codo con codo con distintos miembros de la favela. El cooperativismo de su comunidad me dejo más que sorprendido, cuando diferentes vecinos venían a ayudar en sus ratos libres. ¿Cómo personas que no tienen nada pueden ofrecer su ayuda y su tiempo, mientras gente que lo tiene todo, y que por lo tanto ayudar les debería costar menos, no lo hacen?
 
Sin embargo no todo fue trabajo, también tuvimos tiempo para conversar y descansar con los vecinos. Cada día nos invitaban a comer a alguna casa, donde conversábamos y conocíamos las costumbres de una comunidad tan dañada. Fue una experiencia inolvidable.


Conozco a Álvaro desde mi infancia, y siempre hablamos de todas nuestras ideas y formas de ver la vida… Lo comentábamos muy a menudo; algún día montaríamos algo juntos, pero nunca se nos pasó por la cabeza montar algo tan bonito. Nos embarcamos en otro proyecto, y digo otro porque ya habíamos tanteado el mundo del emprendimiento, con una empresa de eventos que no llegó a despegar

El proyecto de Más Por Ellos me enamoró desde el primer momento, y no tardé ni dos minutos (literalmente) en decidirme a formar parte del proyecto. Empezamos a dar los primeros pasos y construímos un equipo fuerte, comprometido, y que de verdad sintiese el proyecto y lo defendiese. Comenzamos a pulir la idea, cómo hacerlo sostenible, qué parte de innovación tecnológica tendría, cómo funcionaria… Para contrastar con profesionales del sector ajenos a nuestra organización, y que nos dijesen sin pelos en la lengua las carencias del proyecto, nos presentamos a distintos concursos de emprendimiento. Así es como hemos ido mejorándo día a día hasta llegar a este punto…¡Y lo que queda! No me interpretéis mal, ese «y lo que queda» son puras ganas e ilusión, y por qué no confesarlo, algo de vértigo en determinados momentos. Pero para paliar estos breves instantes de pánico, estáis vosotros, quienes desde fuera, confiáis en el proyecto y nos apoyáis. ¡Gracias!

Nunca estuve en África, y por fin este agosto, en un mes, lo voy a conocer. Ya os iremos contando desde ahí, pero el plan es utilizar ese tiempo para comprar el terreno, en el que en enero construiremos un orfanato para 60 niños, y un colegio para un total de 180 alumnos. Nunca estuve en África, pero cada persona que ha estado me ha contado cómo te enamoras, cómo tiene algo diferente de todo lo que conoces, algo mágico. Nunca estuve en África pero ¡¡nos vamos ya!!


 Mesos




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