Reflejo de luz

Una vez estando en una iglesia de Nairobi, miré atentamente a los ojos de un bebé. Su miraba y la mía se conectaron en el silencio. A pesar de las voces que daba el pastor para que sus ovejas escucharan la palabra,  nos mantuvimos unidos por una burbuja en la que solo cabíamos nosotros dos. El tiempo pareció pararse. Yo, como ser adulto estúpido, separé la mirada como si algo tan inofensivo pudiera hacerme daño.

Salí de allí algo antes que los demás y reflexioné. ¿Qué extraño poder tienen los niños? ¿Qué extrañas ondas emiten que te hacen disfrutar sólo de verles? No sé si acerté con la respuesta, pero por lo menos me pareció razonable.

Personalmente creo que el mundo nos está enviando continuamente luz. No hablo de una luz visual, hablo de algo que hace tiempo dejamos de percibir.  Con el paso del tiempo vamos olvidando nuestra capacidad de recibir esa luz, o más bien nos vamos olvidando de nuestra capacidad para ser parte de ella.

Los niños siguen siendo inocentes en ese sentido, “la luz es algo común que hay que compartir”  (deben de pensar).  Los adultos hemos ido desarrollando un pensamiento mucho más egoísta. Con nuestro desarrollo social, solo hemos aprendido a competir, a quedarnos con lo máximo posible porque si no se lo quedará el otro. Esa luz que recibimos entra dentro de nosotros y al no dejarla salir, se convierte en oscuridad.

Todavía se pueden ver a adultos que mantienen “la luz”, personas que con solo mirarlas te transmiten paz y te devuelven en cierto modo a esa niñez.

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Si somos capaces de darnos cuenta que solo somos un espejo, solo somos una forma, un cuerpo que tiene la capacidad de reflejar con mayor intensidad esa luz, devolveremos esa luz con mayor potencia y participaremos en el color. Si en lugar de guardarnos la luz para nosotros la entendemos como algo común que debemos devolver, nuestro cuerpo será herramienta, será espejo y nosotros pasaremos a ser luz.

Más Por Ellos es como si fuera mi espejo. Permite que niños tengan una educación y mantengan la esperanza, limpia las calles de Kibera para evitar enfermedades, ayuda a mejorar el negocio de padres y madres, construye una casa de acogida para niños huérfanos. En definitiva, devuelve la luz a aquellos lugares y personas que no tienen otra alternativa más que tu y que yo. Nos están esperando, devuelve la luz.

Pablo

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