
SENSIBILIZADOS es un programa de contenidos que nace con el objetivo de que las personas conozcan más de cerca la realidad de las zonas en las que trabajamos en KUBUKA.
Autoría: Sabela Marcos Chapela
Aunque, para el mundo occidental, la enfermedad de la malaria está fuera del foco de sus preocupaciones, en el África Subsahariana continúa siendo una de las enfermedades con mayor incidencia (concentra el 95% de los casos mundiales), y con mayor índice de mortalidad.
El clima tropical, con altas temperaturas y lluvias frecuentes, favorece la reproducción del mosquito Anopheles, agente transmisor de esta enfermedad. A ello se le suma la fragilidad de muchos sistemas sanitarios, especialmente en zonas rurales, donde la falta de recursos materiales y de personal médico, junto con la escasez de pruebas de diagnóstico y tratamiento, dificulta la prevención y cura de la malaria.
En Kenia se estima que un 70% de la población vive en zonas con alto riesgo de malaria, lo que en 2023 provocó 3.294.221 contagios y 11.478 muertes, representando un 30% del total de los fallecimientos registrados en este país.

Respecto a Zambia, la situación no es mucho mejor, ya que el 100% de su territorio sufre amenaza de malaria. No en vano, en 2023 se encontraba entre los 20 países del mundo con mayor incidencia de malaria, con una tasa de 340 contagiados por cada 1000 habitantes.
Esto llevó al Ministerio de Sanidad del Gobierno de Zambia a desarrollar, en el año 2024, una campaña de prevención de la malaria a través, principalmente, del fomento del uso de mosquiteras y de acciones de fumigación que disminuyeron los casos en un 17%.
Asimismo, el Gobierno de Zambia se ha puesto como uno de sus objetivos principales la erradicación de la malaria para el año 2030. Esto supondrá realizar un importante despliegue en las zonas rurales pues, como sucede en Kenia, son las comunidades más afectadas por su incomunicación y por la falta de medios de prevención y tratamiento.

A pesar de que se han logrado avances en la prevención de esta enfermedad, gracias al reparto de mosquiteras e insecticidas promovidos por la ONU y al incremento de pruebas de diagnóstico rápido en zonas rurales, la agencia de salud de la Unión Africana ha informado en 2026 que la lucha contra la malaria se ha estancado y que, pese a que se esperaba su erradicación en 2030, la tendencia actual es un crecimiento continuo.