
SENSIBILIZADOS es un programa de contenidos que nace con el objetivo de que las personas conozcan más de cerca la realidad de las zonas en las que trabajamos en KUBUKA.
Autoría: Sabela Marcos Chapela
Si algo queda claro con el cambio climático y el África Subsahariana es que paga más quien menos contamina. El continente africano es el responsable de poco más de un 3% de la emisión de gases de efecto invernadero, pero es uno de los más afectados por el calentamiento global. Este fenómeno está provocando un aumento de sequías devastadoras combinadas con fuertes lluvias e inundaciones de ríos que anegan el terreno y echan a perder toda las cosechas y ganado.
En las cuatro últimas décadas, las sequías se han multiplicado por tres en África, y el creciente aumento del nivel del mar ha reducido la calidad del agua dulce disponible, haciendo que cada vez sea más complicado encontrar agua potable.
Algunas de las consecuencias del cambio climático en el África Subsahariana
El calentamiento trae consigo graves problemas en la agricultura y en la ganadería, dos de los factores fundamentales para la supervivencia de la zona. Las lluvias impredecibles y las sequías largas y calurosas provocan la pérdida de las cosechas, lo que trae consigo la subida de precios y la inseguridad alimentaria.
Estas dificultades se agravan porque los países subsaharianos carecen de suficientes infraestructuras para hacer frente a las adversidades climáticas. La ausencia de sistemas de riego eficientes hace que las sequías arruinen los cultivos, mientras que la carencia de instalaciones adecuadas para el almacenamiento de alimentos acelera el deterioro de las cosechas.
Este fenómeno es especialmente relevante en las zonas rurales, por la escasa diversificación de la economía y por su dependencia de las cosechas y del ganado, nos solo para el autoconsumo, sino para su venta.
En Kenia, una de las zonas de África subsahariana más afectadas por las sequías, dos millones de personas padecen hambruna severa por la pérdida de cosechas y la muerte de ganado provocadas por el cambio climático. Y el futuro no es más halagüeño que el presente, porque se prevé que, en 2050, la temperatura haya aumentado al menos 2,5 ºC.

Pero las sequías en el África Subsahariana no solo son peligrosas por dificultar el acceso a agua potable y secar las tierras, sino porque muchos países tienen en el agua su principal fuente de generación de energía. En Zambia, durante la sequía de 2024, la presa de Kariba (de la cual dependen muchas zonas del país) se quedó apenas sin agua, provocando que numerosa población no dispusiera de electricidad durante un largo periodo de tiempo.
Del mismo modo, las inundaciones se han vuelto cada vez más frecuentes y mortales. En zonas de África subsahariana como Zimbabue se acumuló, en solo diez días, el agua equivalente a todo un año. Estas inundaciones causan daños generalizados, pérdidas materiales y un elevado número de víctimas mortales.
Todas las anteriores consecuencias impactan directamente en la vida de millones de personas. El cambio climático tiene una repercusión inmediata, ya que trae consigo la falta de recursos, que a su vez genera una pérdida de empleo. La escasez de alimentos provoca desnutrición, lo que aumenta el contagio de enfermedades como la fiebre tifoidea, el sarampión, el cólera o la malaria, entre otras. Además, la reducción de la calidad del agua dulce aumenta los casos de diarreas, que son una de las causas más comunes de muerte en la región.

Respecto a quiénes son los más afectados, son las mujeres y las niñas las que más sufren las consecuencias del cambio climático, ya que son quienes se encargan de las tareas domésticas como acarrear agua o cultivar alimentos. Las condiciones meteorológicas adversas, junto con las sequías y las precipitaciones irregulares, dificultan el trabajo de las mujeres, lo que hace que muchas niñas se vean obligadas a abandonar la escuela para ayudar a su familia en las labores del hogar.
La lucha contra el cambio climático en el África Subsahariana
Ante esta situación, la comunidad internacional convirtió la lucha contra el cambio climático en uno de los Objetivos del Desarrollo Sostenible (ODS), haciendo del problema una causa mundial compartida. De esta forma, a través del ODS 13 (Acción por el Clima) se pretende evitar que la temperatura del planeta aumente más de 1,5 ºC, reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y asegurándose de que los países estén preparados para las consecuencias ambientales.
Con el propósito de poner en práctica este objetivo, algunos países subsaharianos han tratado de implementar soluciones dentro de su territorio. En el caso de Kenia, su gobierno puso en marcha el Plan de Acción Nacional sobre el Cambio Climático III 2023-2027. En este Plan se incluyeron una serie de objetivos que atañen a la reducción de la contaminación, la protección de la población frente a los desastres naturales, la adaptación a los efectos del clima y el cumplimiento de los compromisos internacionales.

A nivel continental, también se han ido implementando nuevas medidas como la transición hacia energías más renovables. Dado que en África se sigue utilizando en gran medida el carbón, a través de la Agencia Internacional de Energía Renovable se ha propuesto el impulso de energías más sostenibles, como la solar, la hidráulica o la eólica, con el objetivo de que África triplique en 2030 el volumen de energía generado por fuentes más ecológicas.
Otro proyecto relevante fue la llamada “Gran Muralla Verde”, una idea puesta en marcha en 2007 con el fin de crear una franja de árboles de unos 8.000 km de longitud que atravesara el continente, de Senegal a Yibuti. Con esta reforestación se pretendía frenar el avance del desierto del Sahara, recuperar tierras secas y ayudar a agricultores a la vez que se combatía el cambio climático.
Con el paso del tiempo, la idea se ha reformulado para incluir la restauración de suelos, la conservación del agua, la mejora de la agricultura y la creación de empleos verdes para ayudar a las comunidades locales. Si bien es cierto que el avance del proyecto es lento, hasta ahora se ha logrado plantar alrededor de un 18% de la extensión prevista.
Por último, para asegurar el cumplimiento de los ODS, en 2023 se propuso una iniciativa llamada “Alertas tempranas para todos”, que consistía en un Plan de Acción Ejecutivo que tenía por objeto garantizar que, para 2027, todos los habitantes de la Tierra estuvieran protegidos de fenómenos meteorológicos extremos o desastres naturales. No obstante, a día de hoy, todavía 1 de cada 3 personas en el mundo no tiene acceso a estos avisos.
Como se ha dicho al comienzo del artículo, pese a que África apenas produce una pequeña parte de los gases contaminantes causantes del cambio climático, es la zona más expuesta a las consecuencias de dicho cambio climático. Por ello, resulta fundamental que la comunidad internacional actúe de manera conjunta, adoptando medidas para frenar el cambio climático.