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Autoría: Jimena Bonilla Flores
Los elefantes vuelven a su hogar, al este de Zambia, tras 50 años de ausencia. El regreso de estos animales supone un acontecimiento clave en la recuperación de los ecosistemas y uno de los hitos más destacados de conservación en África de los últimos años.
La principal causa de la desaparición de los elefantes en la zona fronteriza entre Zambia y Malawi ocurrió en 1970 con la caza furtiva impulsada por el comercio ilegal del marfil. La situación empeoró notablemente en los años 80 y 90, lo que acarreó que en parques nacionales como el de Kasungu, en la frontera de Malawi, la población de más de 1.200 elefantes disminuyera a unos 50. Ya que era una zona fronteriza alejada y con poca vigilancia, los cazadores furtivos no tuvieron apenas impedimentos. En Zambia, las poblaciones totales han llegado a superar los 250.000 ejemplares.
Los elefantes aprendieron que esa zona era peligrosa y sus rutas migratorias cambiaron. Por ende, el paisaje se transformó; sin estos gigantes derribando árboles y abriendo caminos, el territorio pasó a ser un bosque denso y cerrado, complicando el paso de otros animales.
Debido a la preocupante situación, el gobierno de Malawi, la organización African Parks y el Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW) trasladaron más de 260 elefantes del sobrepoblado Parque Nacional Liwonde, en el sur de Malawi, al Parque Nacional Kasungu. Cuando estos animales empezaron a multiplicarse, partieron rumbo a Zambia, cruzando la frontera hacia el distrito de Chipangali, al antiguo hogar de sus antepasados.
Sus caminos no han llegado solamente hasta Chipangali; las rutas han continuado por otros parques como Lukusuzi y Luambe, también en Zambia. Desde 2023 hasta este año, en los avistamientos, se han llegado a reportar manadas de hasta 50 ejemplares por la región.

Los elefantes derriban árboles, formando así caminos para otras especies, al igual que dispersan semillas a grandes distancias, por lo que son considerados ingenieros de la naturaleza. Es decir, transforman los paisajes y a la vez, mantienen un equilibrio en la biodiversidad. Que estos animales vuelvan a recorrer estas rutas no solo significa la recuperación de la especie, sino también la restauración de los ecosistemas.
Sin embargo, la vuelta de estos gigantes no producido solo ventajas. El distrito de Chipangali es una zona rural donde viven familias en aldeas y pequeñas granjas. En esta población rural, cerca de 16.000 personas se ven afectadas por la llegada de los elefantes, creando un conflicto entre humanos y la fauna.
Ya habido familias que han visto como sus campos han sido arrasados por los elefantes, acabando con cultivos como el maíz, girasol y maní. Los reportes de las autoridades locales advierten de que estos animales pueden destruir campos de maíz enteros en una noche. Las aldeas también han salido malparadas, dejando a familias sin hogar y en estado de emergencia alimentaria, ya que estas comunidades rurales dependen completamente de la agricultura para vivir. Los encuentros cercanos con los elefantes generan riesgos significativos tanto para los humanos como para los animales.

Cabe destacar la grave sequía que el sur de Zambia está atravesando, convirtiéndose en una de las peores crisis climáticas de los últimos 40 años. La falta de lluvias ha provocado que la región quede prácticamente seca, afectando así a los cultivos de los agricultores. Se estima que cerca de un millón de hectáreas de cultivos del país han quedado devastadas por la sequía.
La falta de agua, por ende, no solo afecta a las personas, sino también a los elefantes. Los animales se han visto obligados a dirigirse a las aldeas humanas y a sus campos donde encuentran alimento con mayor facilidad.
Aunque la vuelta de estos animales y la recuperación de las rutas es una gran noticia para la ciencia y el ecosistema, encontrar una vía segura para la convivencia sigue siendo una tarea pendiente y urgente.