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Un día en la vida de… los peques de Lisha Children`s Home

Somos un total de 21 niños y niñas de Lisha Children’s Home donde vivimos felices. En Kenia debido a la crisis de la COVID-19 aún no podemos ir a clase, por lo que, nuestra rutina ha cambiado un poco en los últimos tiempos. En nuestro día a día llevamos a cabo las siguientes actividades: nos levantamos a las 6:30 horas y tenemos que hacer las tareas de la mañana: hacer las camas, limpiar las habitaciones y el recinto. A las 7:30 h. tomamos nuestro desayuno y dependiendo del día lavamos nuestra ropa o hacemos un descanso de una hora. Después de eso, nos ponemos a estudiar por la mañana. Aquí en Kenia, el Gobierno ha organizado clases a través de la radio y nos echa una mano la «mami» de la casa. Estudiamos de 9:00 a 13:00h y después almorzamos. Después de comer, descansamos 30 minutos y dependiendo del día de la semana tenemos diferentes actividades durante 2 horas. Algunos días tenemos clases de ordenador. Hemos hecho 5 grupos, así que no estudiamos todos a la vez. Los miércoles y los fines de semana nos entretenemos viendo películas. Los jueves tenemos entrenamientos o charlas sobre diferentes temas como higiene, utilización de recursos, confianza en uno mismo, abuso infantil… y los viernes tenemos asamblea. A las 16:00h. nos duchamos y después de jugar, a las 18:30h, empezamos las clases nocturnas. Tenemos grupos de aprendizaje donde discutimos sobre los deberes que nos han dado durante las clases que nos imparten a través de la radio. Algunos días también leemos libros de cuentos y los niños pequeños pintan. A las 20:00 cenamos, hablamos un poco con los trabajadores de la casa y después de lavarnos los dientes y rezar nos vamos a dormir a las 21:00 h. Los fines de semana hacemos diferentes actividades como debates en inglés, juegos en el recinto, juegos de mesa y los domingos seguimos una clase de yoga online. Aparte de todas las actividades ayudamos mucho en las tareas del hogar y cocinamos, lavamos, limpiamos, trabajamos en el shamba (huerto) y cortamos la leña para cocinar. También esta semana estamos preparando «Lisha Got Talent», un espectáculo de talentos donde bailaremos, cantaremos y haremos algunas obras de teatro y acrobacias. Estamos felices aquí porque estamos disfrutando pero también echado de menos ir a la escuela. Durante los últimos 6 meses no hemos podido ver a nuestras familias y las hemos extrañado, pero en breve vendrán a visitarnos y estamos encantados por ello. Estamos muy contentos de estar aquí en Lisha Children’s Home donde nos cuidan como nuestros padres y apreciamos y agradecemos todo lo que hacen por nosotros. Los niños y niñas de la casa de acogida, Lisha Children’s Home.

Un día en la vida de… Mulako Mwala

Me llamo Mulako Mwala, tengo 27 años y soy profesora de inglés en el centro de tutorías de KUBUKA en Zambia para niños apadrinados desde hace dos años. De lunes a viernes doy clase de inglés a los alumnos desde Grado 8 hasta a Grado 12 (como secundaria y bachillerato en la educación española). Me levanto normalmente sobre las 6 de la mañana e inmediatamente después empiezo mis tareas diarias, como hacer la cama, lavarme la cara, beber un vaso de agua caliente como parte de mi cuidado diario y preparar a mi hija para el colegio. Sobre las ocho de la mañana llevo a mi hija al colegio, y hago las demás tareas de la casa y otras como lavar la ropa, desayunar y revisar mis redes sociales. De 10 a 12 de la mañana trabajo en mi negocio de arroz, en el que, entre otras cosas, estoy pendiente de si debo recoger el dinero de mis clientes o repartir encargos. Como todo buen empresario me esfuerzo para que el negocio vaya bien, por lo que también dedico tiempo a pensar ideas sobre cómo mejorar mi negocio y expandirme en el futuro. De 12 a 14 horas preparo el almuerzo y como en casa, revisando mi teléfono y mi correo electrónico. Cada día recibo mensajes motivacionales en mi correo y los leo e intento ponerlos en práctica. Después me siento a hacer cuentas y preparo las lecciones de mis clases en el centro de tutorías. A las cuatro de la tarde, recojo a mi hija del colegio y me preparo para ir al centro de tutorías. Ducho a mi hija y le doy de comer, la llevo a casa de la vecina y después me voy a Mwandi. De seis a ocho de la tarde, trabajo como profesora de inglés en el centro de tutorías que KUBUKA tiene en el colegio de Mwandi (Livingstone). El último viernes de cada mes, mis colegas y yo preparamos con nuestros alumnos diferentes actividades extracurriculares, hacemos un show en las clases del colegio donde los alumnos cantan canciones, bailan y nos muestran sus otros talentos. A las nueve de la noche llego a casa del centro de tutorías, me relajo, acabo algunas tareas de la casa y repaso mi día. Me lavo, ceno con mi hija y la acuesto. Después intento limpiar todo lo que puedo, lavo los platos y dejo preparada la ropa del día siguiente. A las once de la noche me acuesto, leo, repaso mis redes sociales y contesto mensajes. Suelo dormirme a media noche cada día. Los fines de semana me relajo, paso tiempo con mi hija y voy a la iglesia. Mulako Mwala, profesora del centro de tutorías de KUBUKA en Zambia

Un día en la vida de… Natalia

8:00 de la mañana. Suena la alarma. La apago, esa y las siguientes nueve alarmas que le siguen. No se me da bien despertarme, para que nos vamos a engañar. Pero una vez que consigo empezar mi día, ya no paro. Ya no hay vuelta atrás y sé que no podré irme a la cama sin terminar las muchas cosas que están en mi lista. Tras el trasiego mañanero llego al trabajo dispuesta a ser lo más eficiente y productiva. ¡Nada me frenará hacia mis objetivos! Durante la hora de la comida aprovecho para revisar el móvil y, como de costumbre, la mayoría de mis mensajes son de KUBUKA. Así, como si nada, la lista de cosas que hacer se alarga, porque quizás haya  algún evento, producto de Merchandising, idea de fidelización de socios y padrinos o algún punto importante a tratar en la Junta Directiva que me espera. A las 18:30 salgo corriendo de la oficina porque en una hora tengo que estar en mi otra oficina (la de KUBUKA). Contenta subo las escaleras hasta el quinto piso del edificio situado en la calle Génova. Hoy, como cada dos lunes, los miembros de la Junta nos reunimos para hablar sobre los proyectos y puntos importantes de la ONG que conciernan el plan estratégico y el camino a seguir para llegar a nuestro objetivo final: el desarrollo sostenible, es decir, poder irnos de las comunidades en las que actuamos. Una vez en la oficina, aprovecho para revisar todo el material de Merchandising, hacer control de stock y preparar los productos que vamos a vender en el evento de mañana. Cargada hasta arriba, meto todas las cosas en mi coche: telas, cuadernos, calendarios, camisetas, bolsos, monederos, accesorios para el pelo… todos los productos hechos con cariño y cuyos beneficios van íntegros a apoyar los proyectos en Kenia y Zambia. Entonces, descargo todo e invado el salón de mi casa. Les doy las gracias a mis padres por no quejarse y convivir entre las cosas de KUBUKA durante todo el tiempo que haga falta y es que, cuando se es voluntario o voluntaria de KUBUKA, no es posible serlo individualmente, sino que toda la familia y amigos lo son también contigo. Los voluntarios de KUBUKA tenemos una doble vida o eso siempre me ha parecido a mí. Con un trabajo por el día y otro por la noche. Pero no hay nada que más feliz le pueda hacer a alguien (o por lo menos a mí) que trabajar en lo que te gusta. Por eso, yo puedo estar hasta las 3 de la mañana con el ordenador en la cama intentando aportar un granito de arena a la maravillosa labor que lleva a cabo KUBUKA. Hace dos años y medio que empecé a colaborar como responsable de Merchandising. Conocí la ONG a través de redes sociales y, tiempo después, a través de conocidos en común. Quise meterme en el equipo de Madrid sin pensármelo dos veces, sin haber estado nunca en Kenia ni en Zambia y sin conocer a nadie. Y, a día de hoy, sigo pensando que es una de las mejores decisiones que he tomado. Hace un año tuve la suerte de ir a Zambia y ver los proyectos en primera persona. Otra vez, una de las mejores decisiones que he tomado. Ahora solo me falta ir a Kenia. ¡Cualquier día! Me acabo de dar cuenta de que se me ha olvidado presentarme. Me llamo Natalia Chanquet y soy mitad española, mitad méxico-estadounidense. Estudié Administración de Empresas Internacional y actualmente estoy esforzándome por tener una carrera en la industria del entretenimiento, más concretamente en la del cine. Tengo 23 años, una familia estupenda, un hermano mayor talentoso, unos buenos amigos y amigas, 2 perros y, sobre todo, muchas, muchísimas ganas de seguir formando parte de la familia KUBUKA, de seguir creciendo y aprendiendo cada día en equipo, remando todos juntos hacia ese objetivo final. Si has leído hasta aquí, me gustaría darte las gracias y, espero, querido lector o lectora, haber podido generar en ti ganas de unirte al equipo. Si es así, ¡por favor no te lo pienses más! ¡Haces falta! Natalia Chanquet, voluntaria de KUBUKA

Día Mundial de la Alimentación, un derecho humano básico

Hoy, 16 de octubre, se celebra mundialmente el día de la alimentación. Desde KUBUKA, queremos parar un minuto a reflexionar sobre el tema y compartir con vosotros algunos datos bastante impactantes. En primer lugar, no debemos olvidar que el derecho a la alimentación es un derecho humano básico. Sin una buena alimentación, ningún ser vivo puede salir adelante. La nutrición es uno de los pilares de la salud y el desarrollo. Los niños sanos aprenden mejor y desarrollan mejor su potencial. La gente sana es más fuerte y más productiva. En el mundo, cada año se producen el doble de alimentos de los que harían falta para alimentar a los 7.300 millones de personas que habitan la Tierra, y sin embargo, 793 millones de esas personas pasan hambre. Para hacernos una idea, esa cifra es casi una de cada nueve personas. ¿Y qué significa pasar hambre? El hambre es la falta de alimentos necesarios para llevar una vida saludable y activa. La gran mayoría de personas que padecen hambre en el mundo viven en países en desarrollo. Asia es el continente con mayor cantidad de personas padeciendo hambre. Por otro lado, África subsahariana es la región del mundo con mayor prevalencia (porcentaje de la población) de este problema, donde una de cada cuatro personas presenta desnutrición. Hay que tener en cuenta que la desnutrición afectó, en 2016, al 37% y al 34% de la población infantil de África Oriental y de Asia Meridional, respectivamente y contribuye a cerca de un tercio de las muertes infantiles mundiales. Cada año fallecen alrededor de 1,5 millones de niños por síndrome constitucional (pérdida de peso patológica). Pero este problema no solo llama la atención por su mortalidad, sino que al mismo tiempo impide el desarrollo saludable de las personas afectadas y disminuye la productividad y la capacidad de aprendizaje de las mismas durante toda la vida. Todo esto conlleva graves problemas en la forma de vida de dichas personas. Además, a esto hay que sumar las enfermedades causadas por la carencia de vitaminas y minerales, como la anemia, o la deficiencia de vitamina A, que son factores de riesgo de ceguera, muerte por sarampión y por enfermedades diarreicas. La desnutrición acarrea riesgos muy considerables para la salud humana. Uno de cada seis niños en los países en desarrollo presentan peso inferior al normal. Uno de cada cuatro de los niños en el mundo padece de retraso en el crecimiento. La principal causa de todo esto es la desnutrición infantil. El hambre. 66 millones de niños en edad escolar primaria asisten a clases con hambre en los países en desarrollo. Sólo en África hay 23 millones.     Por todo ello, en KUBUKA creemos que la alimentación es una pieza esencial en la productividad de una cadena de funcionamiento. Si un niño o niña cuenta con, como mínimo, una comida al día de cantidad y calidad nutritiva suficiente, tendrá la energía cerebral necesaria para atender en clase, ser más eficiente haciendo sus deberes y aguantar el camino de ida y vuelta del colegio,que en ocasiones es muy largo. Además, su organismo podrá desarrollarse de manera adecuada y saludable. Es una cadena ya que, si consigue atender en el colegio y estudiar, pasará de curso, y paso a paso, acabará la etapa escolar de manera satisfactoria y podrá alcanzar un futuro mejor. Aunque desde KUBUKA nuestros proyectos se centran en educación y emprendimiento social, sí que nos preocupamos de que el alumnado de los centros y los pequeños de nuestro centro de acogida comiencen el día con sus barriguitas llenas y así, puedan dar lo mejor de sí mismos durante las clases. Por ejemplo, en el colegio Humanitas de Kenia, contamos con un programa de alimentación que consiste en dar una comida al día a los alumnos apadrinados, lo cual, hemos comprobado, mejora su eficiencia en el trabajo escolar. Quizás leyendo este blog nos hagamos un poco más conscientes de lo importante que es que los alimentos lleguen a todas las partes del mundo y nos tomemos más en serio el desperdicio alimentario.    

Un día en la vida de… Joyce

Mi nombre es Joyce Kanimba y soy la directora de KUBUKA en Zambia. Llevo trabajando en esta organización desde 2014. Soy una mujer de 59 años, casada y con una gran familia a la que le dedico gran parte de mi tiempo, la otra parte se la destino a KUBUKA y tampoco me olvido de otras responsabilidades como son la iglesia o el cuidado de la casa. Cada día amanezco a las 5:00, alguna vez, si es necesario, incluso antes y empiezo siempre con una oración. Doy las gracias a Dios por la vida, le pido su bendición y que me proteja y acabo cantando una canción Gospel. Las tareas del hogar son lo primero de lo que nos encargamos en casa. Barrer, ordenar, limpiar…, dejamos todo listo para el resto del día. Cada dos días lavo mi ropa, me gusta tener todo limpio y si no lo hago de forma continua se me acumula y me cuesta más. En el caso de la ropa de mi marido la lavo los sábados cuando llega a casa, tras toda la semana trabajando fuera. Una vez que todo está bajo control dentro de casa, me voy al jardín donde tengo un huertito y flores. Me encargo de regar, cortar la maleza, aplicar los pesticidas y cualquier otra cosa que sea necesaria para que todo vaya bien. Por ejemplo, esta mañana he estado trabajando en las rosas aunque lo cierto es que no estoy muy contenta porque no están floreciendo bien, hay que dedicarles tiempo. Por último, me ocupo de mis pollos. Les doy de comer y limpio la casita donde viven y cuando están enfermos les doy la medicina para que se recuperen pronto. En el momento en el que ya están grandes y sanos, los vendo. Ya tengo mis clientes habituales así que sé a quién ofrecérselos. A las 9:00 de la mañana cuando ya he terminado todas las faenas caseras, cojo mi coche, conocido entre los voluntarios de KUBUKA como “La Prima” y doy el pistoletazo de salida a mi día con KUBUKA. Si no estoy visitando la granja de Maramba o la casa de acogida (Safe House), me encuentro en la oficina con reuniones y preparando las actividades de los diferentes proyectos. Hasta las 14:00 horas suelo estar liada con los voluntarios y trabajadores de la ONG. Firma de contratos, pago de sueldos, evaluaciones semanales y muchas otras cosas para las que me necesitan. Cuando consigo liberarme de KUBUKA, que a veces es muy muy tarde…, me gusta dedicar mi tiempo a otras actividades como quedar con amigas o familiares e ir a la iglesia. De hecho, muchas tardes voy a la iglesia ya que soy la mano derecha del Pastor. Leemos la Biblia y hablamos sobre lo leído, practicamos los cantos de los domingos, fijamos reuniones para organizar diferentes actividades. Antes de volver a casa, me encargo de los recados para atender las necesidades de mi familia. Normalmente sobre las 17:30 horas doy por finalizada mi tarde y vuelvo al hogar. Nada más llegar, lo primero que hago es comprobar que los pollos están bien, que tengan comida y agua suficiente. A continuación ayudo a preparar la cena, es en el único momento del día en el que como Nshima, la comida típica de aquí. Sobre las 20:00 horas, cuando ya hemos acabado de cenar, nos sentamos todos juntos a ver la tele, escuchar las noticas, hablar…, y es cuando mi hija pequeña que cursa tercero de primaria me trae los deberes y comprobamos juntas que todo está correcto. Makole, mi hijo mayor, que está estudiando enfermería, me cuenta que tal su día y lo que ha aprendido. Antes de irnos a la cama rezamos todos juntos, damos gracias por el día y le pedimos por el futuro. Sobre las 22:00-23:00 horas nos vamos todos a dormir y descansamos hasta el siguiente día. Me gusta ser una persona activa y creo que mi salud necesita que me mueva por lo que siempre me gusta estar haciendo cosas.

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