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En Kenia reconecté conmigo

Nuestros voluntarios KUBUKA son nuestra mayor suerte y nuestro mayor orgullo. Victoria ha estado en Kenia colaborando con los proyectos que KUBUKA tiene allí y nos cuenta su experiencia al volver a España. Victoria, gracias, mil gracias, por formar parte de KUBUKA. Mi experiencia en Kenia es casi tan difícil de describir como el sentimiento que me impulsó a dejarlo todo y emprender ese viaje. No voy a escribir sobre cómo de necesitadas están las personas que conocí allí, ni de lo mucho que me enseñaron y tampoco sobre como yo intenté aportar mi granito de arena para ayudar. No voy a hacerlo sobre todo porque creo que me llevé infinitamente más yo que lo que poco que pude dejar de mí allí. Es muy difícil responder a todas las preguntas que uno se hace sobre el mundo y sobre el porqué de las cosas, pero Kenia me ha dado pequeñas respuestas que ansiaba encontrar desde hacía tiempo. Nairobi ha sido mi reconexión conmigo, mi bocanada de aire fresco, mi mejor versión de mí. He aprendido mucho de los proyectos y de una cooperación con sentido, pero también he aprendido de las personas que estuvieron ahí conmigo, del equipo expatriado de KUBUKA, de los amigos locales dentro y fuera de los proyectos, y de todas esas personas desconocidas con las que intercambié breves palabras y que tanto me han enseñado de su increíble cultura y de su manera de ver la vida. No se me olvidarán los eternos viajes en Matatu con ese estridente afrobeat y su consecutivo dolor de cabeza, las largas conversaciones sobre todo tipo de temas con Amal de camino a Kibera (o a cualquier sitio), los puestos de frutas y cosas diversas, los zapatos llenos de barro, las noches de Nairobi, las literas de mi cuarto y su particular colchón, los monos en la terraza, la “Tusker Beer”, los chapatis de Lisha, ese maravilloso café. También puedo asegurar que la luz que hay allí, no la he encontrado en otro lado. Son tantas cosas las que echo de menos que ya estoy impaciente por volver. Asante Sana Kenia Victoria Pérez-Solero, voluntaria de KUBUKA

Nostalgia de la otra yo

Hice la maleta con las ganas y la ilusión de vivir la experiencia y ahora que he vuelto me doy cuenta de que lo único que hice fue vivir. Vivir a secas. Dejarme llevar y aprender. Eso es muy importante; aprender, no enseñar. Fueron días que recuerdo con nostalgia, un sentimiento que he tardado en digerir porque desde este lado del charco no me reconozco en los recuerdos y yo quiero ser como fui allí. Os contaré que llegué sin ninguna expectativa marcada, iba a ciegas y con la mochila a cuestas y así fue como me dejé sorprender por todo. Lo malo de las expectativas es eso, que pueden llegar a restarle valor a cosas extraordinarias. Kasiya es un lugar remoto en el que solo pasé dos semanas y digo solo porque me hubiera quedado mucho más. La primera vez que me fui de Kasiya sentí un vacío existencial. Sabéis, es una sensación que sólo ganas cuando te vacías del todo en algo. Y digo que ganas porque la recompensa personal es enorme. El problema es entregarte en cuerpo y alma y tener que irte; así que me fui. Ese día que, de lo duro que era, no podía ni respirar alguien me dijo que estaba en mi mano volver. Como si fuera tan fácil. No lo es, Kasiya no sale en los mapas; es algo efímero. Aparece con los primeros rayos de sol y desaparece cuando termina el partido. Algo que aprendemos de pequeños es que el cielo es azul. El mar es azul, pero el cielo no. Allí es naranja. Un naranja tan intenso que te quema las retinas porque se te queda grabado a fuego en el fondo del alma. Y a veces, se funde con unos rojos que quitan el aliento y unos rosas que paran la respiración. Quitando ese momento de pausa, todo pasa muy rápido hasta que un día se apaga la hoguera y empieza una nueva aventura. Livingstone es alegre, intenso y colorido. Es la cara opuesta de la moneda, una moneda que si tirara al aire desearía que cayera de canto. María Vadell, voluntaria de KUBUKA

Gracias, gracias y gracias

Pauli, Paulinchi, Mwende… has tenido muchos nombres a lo largo de estos años, pero ninguno ha cuajado como Pau. Nombre humilde, pero con fuerza, que a priori pasa desapercibido pero que derrocha personalidad y deja marca, como TÚ. Nunca seremos capaces de darte las gracias lo suficiente por no callar, por no girar la cara ante las injusticias, por no conformarte, por no dejar las cosas pasar, por no buscar la autocomplacencia, por no dejar de preguntarte si lo estamos haciendo bien y si siquiera debemos ser y estar en cada momento y cada lugar, darte las gracias por NO RENDIRTE NUNCA. Pau ha estado acompañando muy de cerca los proyectos de Kenia desde 2016, ofreciéndose con cercanía, paciencia y convicción a las personas a las cuales el proyecto sirve, y lo ha hecho desde la sencillez, el respeto y el amplio conocimiento del trabajo en Cooperación. Los que hemos tenido la suerte de coincidir con ella en un momento del camino, hemos aprendido a cuestionarnos y preguntarnos más a fondo acerca de la realidad del mundo y la justicia social. Pau es buscadora e inquieta y contagia a los que hemos estado con ella a mirar siempre más allá y reflexionar de una manera profunda acerca de nuestra acción. Ha sabido estar al ritmo de los tiempos cambiantes de la organización y trabajar codo con codo con compañeros y compañeras, nunca por delante y siempre a su lado. De esa manera tan suya se ha ganado el respeto y el afecto de muchas personas de aquí y de allí. Pau es medio keniana, con un corazón que se llena a partes iguales de dos países que la definen y la configuran. Hoy queremos dedicarle estas palabras puesto que termina una etapa para ella, ha dejado de trabajar con KUBUKA Kenia (Lisha Mtoto Initiative) aunque esperamos que se quede cerquita, muy cerquita de nosotros. Es imposible recoger en unas líneas miles de momentos e historias vividas este tiempo con el máximo grado de intensidad, porque del 1 al 10 contigo siempre es un 10. Eres una persona absolutamente apasionada, de férreos principios y moral peleona. Un “Pepito Grillo” que siempre protege y sobre todo acompaña, y que a veces, solo a veces, puede resultar algo incómodo porque las verdades nos inquietan y nos dejan al descubierto. Pau, eres la mujer blanca más fuerte que conozco. Nunca dejaré de sorprenderme por las pocas veces (o ninguna) que te he visto derrumbarte, por las ganas con las que afrontar los nuevos retos, por la capacidad de resistir y nunca desistir. Te he visto iniciar como 20 nuevas actividades, y no solo iniciar, sino llegar a ser buena en lo que haces: desde las múltiples variedades de deporte que practicas a las artes plásticas y escénicas, pasando por la música, no hay nada ni nadie que se te resista. Me has enseñado a mirarme y a escucharme, a dedicarme algo de tiempo y energía, o a ser consciente de que no lo hago y las consecuencias de ello. Me has enseñado a ser yo misma, sin complejos, y te lo agradeceré toda la vida que espero que sea larga hermana. Myri “Gracias por tu paciencia… Por ser maestra, AMIGA, y ejemplo de entrega en todo lo que haces y con tod@s l@s que te importan. Que suerte la mía y la de tant@s de encontrarte en nuestro camino! GRACIAS , GRACIAS Y GRACIAS ????” Aran Gracias por descubrirnos a Chimamanda Ngozi Adichie. Como bien dice ella: “cuando rechazamos la historia única, cuando nos damos cuenta de que nunca hay una historia única sobre ningún lugar, recuperamos una suerte de paraíso” . Y por tanto, MUCHAS GRACIAS por haber sido ejemplo en esa escucha y entendimiento de las distintas historias, las distintas visiones de todas las personas que te rodeaban…. sin duda te ha permitido actuar en consecuencia ante esa realidad de global. Sol Pau, que suerte haberte encontrado. Siempre te lo he dicho pero eres una de las personas de las que más he aprendido en mi vida. Me has enseñado millones de cosas sin tratar de hacerlo, con tu ejemplo y tu forma de actuar con todas las personas que tenemos la suerte de cruzarnos contigo. Hay una frase que dice Mario Benedetti y que creo que describe perfectamente lo que has supuesto para mí: «De eso se trata, de coincidir con gente que te haga ver cosas que tú no ves. Que te enseñen a mirar con otros ojos». Gracias por tanto, sé muy feliz y ojalá sigas con esa forma de hacer que has mantenido siempre y que es tan necesaria, aunque a veces sea dura. Eres una valiente. Te quiero mucho. Laura Díaz Colunga KUBUKA son las personas que la integran, que han formado parte de ella desde el principio o se han ido sumando en estos años de crecimiento y aprendizaje. KUBUKA ha crecido y aprendido mucho este tiempo, en parte gracias a Pau. Entre otras muchas cosas, ella nos ha recordado siempre, y en todo momento, la importancia de involucrar a nuestros compañeros y compañeras kenianas y zambianas en todos los procesos y toma de decisiones. Si en algún momento nos salíamos del camino indicado, siempre estaba ella para recordárnoslo. ¡Muchas gracias Pau! Ioseba Sabía que era algo que iba a pasar, pero hasta que no ha llegado el momento no creo que lo haya asimilado del todo. Lo primero de todo te deseo lo mejor en tu nueva etapa. Quiero agradecerte de corazón todo lo que he aprendido de ti y lo mucho que has aportado a personas que considero parte de mi familia. Me parece muy bonito recordar momentos contigo y me quedo con todo lo bueno. Cuenta conmigo para lo que quieras y ¡espero verte pronto! Asante sana rafiki Álvaro Pérez-Pla Desde «Uchaguzi bila fujo» pasando por «Sisi ni mashujaa» hasta la carretera con más baches de todo Machakos, gracias por enseñarnos los valores que se esconden detrás de cada rincón por los

Asante Sana Colibríes

06.30h de la mañana y ya amanezco cuando Kibera todavía parece dormido y el resto de mis compis descansan y cogen fuerzas para otro intenso día en Kenia. Siempre se sorprenden de lo pronto que me despierto, pero lo cierto es que desde que pisé tierra Kiberana, cada noche al acostarme sigo viendo los rostros de la gente en mis sueños. No son pesadillas, tampoco sueños, es como un trance en el que creo que mi propia mente intenta asimilar todo que veo y vivo día a día en Kibera. Las mujeres con las que nos cruzamos por las estrechas calles de Kibera; la chica a la que siempre le compramos las samosas, o la que vive en frente de ella que peina a su peque cuando me dirijo a Kleanbera Reciclyng; o los jóvenes talentos con quienes voy entablando mas confianza en Made in KIbera (MIK); la simpatía de Wambu; la sonrisa de Patrick…, o si no las múltiples caritas de felicidad y profundas miradas de ojos negros de los nenes de Grace Humanitas…, el caso es que aunque pole pole (despacio) es la marca de identidad keniana, los días desde que llegamos parecen tan intensos que creo que mi mente y mi cuerpo no tienen tiempo suficiente para digerir todas las sensaciones. ¡Me levanto! La brisa fresca entra por la ventana entre abierta de nuestro piso en Langata, la misma por la cual días antes un par de monos intentaron entrar y compartir techo con nosotros. Me dirijo al salón como cada mañana, con la mayor sutileza posible, para no despertar a ningún compi ni pisar ningún colchón en los que duermen. Y una vez allí, aprovecho mi momento, ese en el que sol empieza a iluminar el cielo oscuro y tengo Kibera frente a mis ojos, un nuevo día de proyectos que conseguir, un nuevo día de pequeños impactos que crear en la vida de cada uno que, de una forma u otra, forma parte de la familia KUBUKA. Y siempre me vienen las mismas dudas a la cabeza, yo tengo un colchón y techo donde dormir al otro lado del riachuelo, un café caliente para empezar el día, y me pregunto… ¿cómo comenzarán su día nuestra gente de Kibera? Es uno de los muchos momentos en los que paro en seco a darme cuenta de lo injusta que es la vida y de la suerte que tenemos de haber nacido donde nos ha tocado nacer, en el otro lado del muro. Porque cuando no vives una experiencia de voluntariado como lo hicimos nosotros, en toda su esencia, en todo su ser, parece que si no vives de esta forma el voluntariado, la realidad del mundo, muchas personas construyen un muro en sus vidas. Un muro para estar a salvo,  saben perfectamente lo que hay al otro lado pero prefieren no cruzarlo para evitar que el corazoncito duela. Siendo parte de KUBUKA no sólo atravesamos ese muro, lo eliminamos y nos dimos cuenta de que la vida hay que vivirla a cuatro manos, que hay que tener la cabeza en las nubes y los pies muy firmes en la tierra para hacer tus sueños realidad. Entre otras cosas, eso ha significado para mí  este voluntariado en Kenia, un sueño lograr que dos hermanitos huérfanos que viven en el slum de Mathare (los dos niños mas tristes que he visto en mi vida y sin un gesto de emociones en sus rostros desde que los conocí), terminasen el día riéndose; un sueño poder tener una reunión junto a Wambugu y Patrick y aprender que las cosas despacio y con cariño siempre salen mejor; ver como unas adolescentes tímidas de Tala pierden la vergüenza y se abren a compartir conmigo sus miedos e inquietudes sobre las enfermedades de transmisión sexual; haber podido contribuir con ideas y sugerencias a un mejor funcionamiento y, por tanto, un incremento en sus beneficios de la escuela politécnica de Tala; un sueño que Enganu me cogiese de la mano para contarme qué chico del cole le gustaba o tener entre mis brazos a una peque con SIDA y darme cuenta de la importancia de dar cariño y de lo que mucho que puede curar un abrazo… Y como estos, 30 días de sueños cumplidos que antes solo leía en testimonios de otros voluntarios y 30 días del más bonito de todos los aprendizajes de mi vida. Sería imposible poder quedarme con uno solo, cada proyecto, cada brainstorming en el salón, cada preparación previa, cada miedo a cruzar el “puente” para comenzar nuestro día, cada conversación con la gente local, cada cara de embobada cuando las coordinadoras nos explicaban la realidad de muchas situaciones,cada aventura en matatu, cada sonrisa de un niño o sus manitas tocándome el pelo y las manos, como si fuésemos tan diferentes… Lo cierto es que en cierto modo lo somos, diferentes en color, en origen, en idioma… pero tan iguales en valores, en amor y en aptitudes para cambiar el mundo que lo que está claro es que todos podemos contribuir con una pequeña parte para hacer una más grande. Estoy convencida de que los muzungus (blancos) nos llevamos mucho más de Kenia de lo que pudimos dar, pero también sé, que tanto yo como mis compis, dimos lo mejor de nosotros mismos, intentando crear pequeños impactos en la vida de todos aquellas personas con las que tuvimos la suerte de vivir esta increíble experiencia. Esta es mi memoria de Africa. Diferentes pero al mismo tiempo tan iguales contribuyendo cual colibrí, todos con nuestra pequeña parte. Asante Sana Colibríes, volveré seguro Patricia Bertomeu, voluntaria de KUBUKA

El síndrome del viajero eterno

Ya han pasado casi dos meses desde mi vuelta a casa tras mi experiencia como voluntaria en Kenia. A pesar de que los sentimientos iniciales de extrañeza hayan disminuido, mantengo un lucha constante con el impulso continuo de regresar; un impulso para volver a cualquier lugar siempre y cuando no esté aquí. Sin embargo sé, que cuando esté de vuelta “allí”, sentiré el impulso de regresar aquí, el lugar al que llamo hogar. Es como si estuviera viviendo en una especie de realidad suspendida, nunca realmente allí, nunca realmente aquí. Tengo el síndrome del viajero eterno. Ya había vivido esta sensación antes, pero ahora es diferente. Aunque ocho meses parezca un periodo corto, me acostumbré a la vida en Nairobi, al trabajo en KUBUKA y a las personas que me rodeaban día tras día. Cuando mi familia y amigos me dicen “¡Ahora vuelta a la realidad!” les contesto que esa era mi realidad. Despertarme a la mañana para organizar las reuniones y quehaceres del día, ir a Kibera a reunirme con la gente involucrada en los proyectos de KUBUKA, o simplemente a estar, era algo que disfrutaba, incluso el trabajo de oficina que por lo general no es algo que a muchos nos guste. Y como en todo, había momentos de felicidad, positivismo y euforia, pero también momentos de estrés, cansancio mental y rabia. Pero al final, la balanza se acaba inclinando por completo hacia esos buenos momentos en el colegio de Grace Humanitas, los sábados en Kibera Cinemax o las visitas renovantes a los proyectos de Tala. Mi estancia en KUBUKA y en general en un país africano me ha enseñado y mostrado una nueva perspectiva principalmente de tres cosas. La primera, atreviéndome a generalizar al entero continente africano, sobre África y su gente. La segunda, más en el sentido profesional, sobre el sentido de la cooperación y sus mecanismos. Y por último, y diría que el más importante, una autocrítica sobre la forma de vida basada en el exceso que en el “mundo occidental” llevamos. No obstante, estos temas merecen más tiempo y espacio del que este blog me puede ofrecer para poder explayarme a gusto. Siento nostalgia hacia el pasado y vértigo hacia el futuro, sin embargo sé que gracias a la increíble oportunidad que he podido vivir y experimentar junto a KUBUKA y mis compañeras que tanto añoro, acabaré haciendo caso a estos impulsos constantes y sin saber cómo ni cuándo, regresaré. Twende mbali. Olatz Arana, voluntaria de KUBUKA

Nuestro Consejo Asesor

En un mundo dominado por la carencia de principios y la falta de ética, en el que la mayoría de las personas brillantes sólo emplean su valor en amasar fortuna, de repente, hay algo que te hace volver a creer en el ser humano. Puedo decir, que mi mundo cambió al descubrir KUBUKA. Fue a finales de 2016 cuando Álvaro Pérez-Pla me llamó para formar parte del consejo asesor de esta organización. Yo soy un ex creativo publicitario que me reciclé hace ya seis años para convertirme en promotor inmobiliario e interiorista. También soy hijo de un empresario de la comunicación, me eduqué en Estados Unidos donde fui a la Universidad y trabajé algún tiempo. Por todo ello, mi vida ha estado siempre muy ligada al capitalismo y a la empresa. Quizá este rumbo vital algo vacío me hace realmente apreciar la frescura y generosidad que desprende KUBUKA. Se trata de un grupo de jóvenes altamente cualificados que podrían estar desarrollando su carrera profesional en otros sectores en los que sin duda, podrían tener elevados sueldos pero,en vez de eso, han decidido que la cooperación es su vida y están invirtiendo sus mejores años de energía y conocimiento a ayudar en proyectos que desarrollan en Kenia y Zambia. Trabajan en proyectos de educación, integración social, ayuda a tener una vida mejor, siempre buscando y a menudo encontrando la tan complicada auto sostenibilidad. Alejandra Carreño, junto con Álvaro Pérez -Pla son ejemplos de brillantez y valentía. Personas así son las que consiguen que vivamos en un mundo mejor. Su labor, dedicación, y profesionalidad es realmente admirable. El resto del equipo tiene un perfil alineado a esta fórmula de éxito, es un gran equipo y, por ello, los resultados de su esfuerzo también son muy positivos. Yo formo parte de el Consejo Asesor que está compuesto por perfiles muy diferentes de sectores variados. Nos reunimos varias veces al año y es una experiencia enriquecedora. Se trata de ayudar con la perspectiva externa en decisiones internas de la ONG y también en muchas otras de los proyectos que se desarrollan en terreno. Cada sesión es un verdadero aprendizaje y cada uno aporta su grano de arena para que el resultado sea el mejor para el bien de KUBUKA, aunque creo que nos llevamos más aprendizaje nosotros que ellos. Agradeceros que contéis conmigo, espero que durante muchos años. Paco Ruiz-Nicoli Miembro del Consejo Asesor de KUBUKA ¿Y a ti qué te motiva? A mí me motiva el poder involucrarme en grandes proyectos en los que la gente trata de dar lo mejor de sí misma, y aprender de personas que están dispuesta a renunciar a muchas comodidades del día a día tan solo por poder ayudar a otros. Me motiva poder sentirme parte de una organización que trata de reducir las diferencias sociales. Por todo esto, acepté el puesto en el Consejo Asesor de KUBUKA. Este organismo de la ONG es quizá una parte desconocida, sin embargo, a lo largo de las diferentes reuniones con la Dirección, desde el Consejo tratamos de aportar puntos de vista externos e independientes tanto a los proyectos, como al día a día de la organización. Por ello, la composición es heterogénea: unos incorporan experiencia en el mundo solidario, otros aportan una visión más empresarial, pero todos nosotros tratamos de optimizar y facilitar la toma de decisiones que luego llevará a cabo el equipo de gestión. No se trata de una función meramente figurativa, en el Consejo sabemos que tratamos retos importantes que soportan los voluntarios y el equipo de gestión de KUBUKA y, por tanto, nuestro objetivo es siempre aportar nuestras mejores ideas y opiniones, sabiendo que el éxito de las iniciativas será nuestra mejor recompensa. Sin lugar a dudas, la mayor motivación del Consejo es tratar de ayudar a hacer crecer KUBUKA, recordando que saber es hacer. Antonio Arco, Miembro del Consejo Asesor de KUBUKA

KASIYA, esa cápsula del tiempo

Ya desde España, y aun con el sabor reciente de esos atardeceres que te regala Kasiya cada día, me atrevo a escribir una letras sobre la experiencia vivida. Difícil, muy difícil resumir en un post de 350 palabras el cúmulo de sentimientos, vivencias y sensaciones experimentadas durante las 2 semanas de “vida” en Kasiya. Y digo “vida” porque eso es exactamente lo que se me viene a la cabeza cuando pienso en Kasiya, porque sus mimbres son eso, “pura vida”. Kasiya es como una cápsula del tiempo, aislada de las prisas de occidente, alejada de avances tecnológicos, sin luz ni agua corriente, sin industria, sin coches ni semáforos, sin edificios y sin hipotecas, a 1.000 años luz del consumismo y del individualismo en el que están sumidos los países más avanzados. Kasiya es justo lo contrario. Kasiya es colectividad, familia, unión e inocencia en estado puro. Kasiya son sus gentes, sus miradas, sus sonrisas y sus abrazos…, hospitalidad, amor y cariño en cada rincón. En Kasiya el universo te regala los atardeceres más maravillosos de tu vida, y la oportunidad de conectar con lo más hondo de tu ser. Es un lugar increíble, en el que ducharse por la noche al aire libre, apenas con un barreño y una jarra, se convierte en el momento más esperado del día y a la vez el más mágico, porque te brinda la oportunidad de disfrutar de ese precioso manto de estrellas… Gracias de corazón por este regalo. Tras 7 meses de intenso trabajo damos un paso atrás, tomamos perspectiva, y agradecemos con el corazón en la mano haber podido impulsar un proyecto tan bonito como éste ¿Puede haber algo más gratificante que llevar luz y profesores titulados a peques tan necesitados como los niños y niñas de Kasiya? ¿puede haber algo más valioso que acercar esta luz de futuro a tantas y tantas familias? El Quijote Team  estará agradecido por siempre a KUBUKA y a las gentes de KASIYA por su hospitalidad y habernos abierto las puertas de sus casas ¡Twalumba Kapati!! Daniel Romero, cofundador de Quijote Team.

Lo que aprendí en África

Ha pasado más o menos un año desde que volví de África. Hablo del continente, no de Kenia ni de Zambia, los países en los que trabajamos, porque soy una de las pocas voluntarias de KUBUKA  que ha tenido la fortuna de vivir esta experiencia encadenando los dos países. Estuve un mes y medio en Kenia y un mes en Zambia y a la pregunta de ¿con cuál te quedas?, me es imposible contestar. Me sucede lo mismo con otras cuestiones como… ¿qué es lo que más echas de menos?, ¿cuál fue tu aprendizaje?, ¿por qué engancha tanto África? Lo cierto es que siempre que me han hecho estas preguntas, he buscado dentro de mí y he ofrecido una verdad, la más profunda que he podido encontrar en ese momento; pero, a pesar de ello, siempre me quedo con la sensación de que no ha sido la respuesta correcta, que no he expresado realmente el porqué, que en esas palabras no están plasmados todos mis sentimientos. De ahí, de esa sensación, proviene este blog, de esa sensación de querer expresar algo en su totalidad, con toda su grandeza, su realidad pero por más que lo intentas, no logras tu objetivo. Y es que, a mi vuelta, una persona que sabe muy bien de lo que hablo me dijo, “no te vas a dar cuenta de todo lo que ha significado esta experiencia para ti hasta que pase algún tiempo”. Ella es la culpable o más bien, la que me ha regalado este espacio como por obra del destino. Hoy, con 35 años, puedo decir con total seguridad que esos meses de voluntaria en Kenia y Zambia con KUBUKA han sido los más felices de mi vida. Para mí es sorprendente y un tanto aterrador afirmar esto cuando he tenido y tengo una vida que considero plena, con una familia maravillosa, amigos, trabajo, planes, aficiones, libertad y en la que no he experimentado grandes fracasos o tristezas. ¿Qué es lo que viví en África que lo hizo tan especial? Creo, que fue precisamente el no tener nada de esto, el estar conmigo misma, no sentirme atada a nada, vivir sin grandes expectativas, no tener la necesidad de adquirir bienes materiales, disfrutar sin preguntarme por el día siguiente, simplemente levantarme y aprovechar el día trabajando por mí, por los demás y aprendiendo de ellos y de todo lo que me rodeaba. Observando, en calma, sin prisa, poco a poco o, como dicen ellos, “pole, pole” (Kenia); “pangono, pangono” (Zambia). Recuerdo, como si fuera ayer, que al inicio de mi aventura, Álvaro no me dio la mano al cruzar un riachuelo por el que teníamos que pasar cada día para llegar a Kibera (el slum en el que trabajamos), en ese momento la chica delicada de ciudad (yo) consideró que tenía un compi bastante desagradable pero la realidad es que él solamente me estaba enseñando, me preparaba para la gran cantidad de cosas nuevas que me iba a tocar hacer sin ayuda; de Raffy también aprendí muchísimo, lecciones sencillas pero importantes, como que la comida está lista cuando la pruebas y está rica (dedicación y tiempo); Jacky, Mary, Ann, Max…, las chicas, eran expertas en lucha, apoyo incondicional y risas; Patrick, un crack, solo hace falta seguridad y ganas para caminar; Paula me enseñó que hay que tener los pies en la tierra, no quedarse con la primera impresión y escarbar hasta llegar al fondo; Wambu a sonreír y a que las mentiras, si son piadosas, no son mentiras; Elizabeth a no dejar de aprender nunca; Steve a buscar el ángulo adecuado; mi querida Bea a defender tus ideas “like a lion”; Joyce a ganar el respeto a través del amor; Chola me mostró cómo lucirse; Nsofwa es la mejor acercándose despacito y consiguiendo grandes metas; Marcos, alegría y practicidad; Mary, un ejemplo de esfuerzo y de búsqueda; Sofía a hacer lo que debes, lo que quieres y además, disfrutarlo; Elena a luchar por lo que realmente merece la pena; Ioseba a mantener la calma y a actuar en consecuencia; Paloma a ampliar la perspectiva. Hay muchos que no nombro y también otras tantas situaciones que ejercieron de maestras pero todo, todito, lo llevo conmigo. Después de tantas andanzas, de tanto crecimiento, cuando vuelves de días en los que sales guapa en todas las fotos porque todo tu ser irradia luz, te planteas ¿ahora qué?, ¿cómo haces para quedarte aquí?, ¿para seguir con tu vida en España?, o es que, ¿lo que realmente quieres es vivir allí?, ¿estás segura?, ¿quizás todo fue un bonito sueño que ya acabó y no se repetirá? Podría estar enmarañada en un millón de dudas pero, como hace mucho que aprendí que darle vueltas a las cosas no sirve de nada, empleo una técnica que también me proporcionó aquel continente y que yo he ido perfeccionando con el tiempo. Algo sencillo de ver pero difícil de aplicar: vivo mi realidad actual, la intento (ojalá algún día pueda eliminar esta palabra de aquí) disfrutar al máximo, empleo mi tiempo en aquello que me gusta y, de esta forma, fluyo. Porque estoy segura de que si África tiene que volver a mí o yo a ella, llegará sin más y yo seguiré, esté donde esté, el camino que me lleve a continuar sonriendo como nunca lo había hecho. Gracias KUBUKA por el regalo, sigo disfrutando a otro nivel 🙂 María Simal Higelmo, voluntaria de KUBUKA

Malcolm Bane tenía razón…

Una frase que leí hace unos años de un pastor llamado Malcolm Bane me hizo reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos y, en concreto, sobre las disculpas que algunos buscamos para no ayudar a personas menos afortunadas. La frase fue la siguiente: “si esperas hasta que puedas hacer todo por todos, en lugar de hacer algo por alguien, terminarás sin hacer nada por nadie”. Casi todas las personas nacidas en países desarrollados somos conscientes del reparto tan injusto de la riqueza y recursos que hay en este planeta; sin embargo, nos convencemos de que es inútil intentar cambiar esta injusticia porque pensamos… “si donamos, seguro que la ONG se queda con todo el dinero”, “el Rey/Dictador/líder espiritual se lo gastará en otro Mercedes…”, “son vagos, es su culpa»… Hasta hace 4 años cuando me topé con la frase de Bane, estas disculpas me servían como justificación para no hacer nada, simplemente ignorar la situación y llenar mi vida de preocupaciones absurdas… ¿Meterá más goles CR7 o Messi? ¿El Ferrari/McLaren de Fernando Alonso llegará a completar 3 vueltas de Spa? Una vez que me di cuenta de que las disculpas carecían de fundamento, tomé la decisión de hacer algo, por muy poco que fuera y empecé a buscar una ONG con la que poder colaborar. Hablando de estos temas con una amiga tomando un café (ya sabemos, un “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”), salió el nombre de una ONG, KUBUKA, y que, por casualidades de la vida, había sido cofundada por una chica, que al igual que yo, había estudiado en el Runnymede College en Madrid. Mi amiga me animó a investigar sobre la ONG ya que le constaba que estaba consiguiendo mejorar la vida de muchas personas en Kenia y Zambia. Vi un documental sobre KUBUKA y, tras escuchar a Álvaro Pérez-Plá, presidente de organización, comprendí la visión que tiene esta ONG de ayudar para crear proyectos que puedan llegar a ser autosostenibles. También me di cuenta de que KUBUKA representaba los valores que buscaba y que transmitía una transparencia absoluta. A través de mi empresa, ONYX Energy Consulting, que en ese momento era poco más que una start-up, empezamos a colaborar con una donación simbólica. Era el año 2015. Han transcurrido 3 años y ahora tenemos el honor de asistir a reuniones del Consejo de KUBUKA como asesores. Hemos visto de primera mano el desarrollo de la ONG, aunque solo desde el punto de vista organizacional, es decir, desde Madrid… No en el terreno, no habíamos visitado los proyectos de Kenia y Zambia, pero eso cambió a finales de junio de este año, cuando acompañado de mis dos hijos, fuimos a ver in-situ los proyectos en Zambia. ¡Una experiencia inolvidable! Llegamos al aeropuerto Harry Mwanga Nkumbula de Livingstone al sur de Zambia, frontera con Zimbabue, con la idea de compaginar turismo con la visita a varios proyectos de la ONG. Tenía cierta curiosidad por conocer el “proyecto deportivo” que está en una zona marginada al norte de Livingstone, el Safe House que acoge a niñas, en algunos casos huérfanas y, por último, quería ir a Kasiya, donde KUBUKA está construyendo, con la ayuda de la comunidad local, colegios y casas para los profesores. Tras un día visitando las cataratas Victoria, que ya por sí solas merecen un capítulo aparte, quedamos con tres miembros del equipo de KUBUKA en Zambia que encabezan la coordinación de varios proyectos. En ese momento conocimos a Joyce, Sofía y David, más adelante a Óscar y Virginia. Entre los cinco y con la ayuda de 2 o 3 personas más, coordinan todos los proyectos en Zambia. Juntos planificamos las visitas, empezaríamos por el proyecto deportivo esa misma tarde… Proyecto deportivo en Mwandi Fuimos a Mwandi en la furgoneta de KUBUKA, el contraste entre nuestro hotel y las casas de esa zona era impactante… Las carreteras de asfalto se convirtieron en caminos de tierra al igual que las casas que pasaron de una construcción sólida con ladrillos a ser de barro. Lo que no cambiaba eran las sonrisas de los niños y niñas, inalterables. Muchos de ellos guardaban los “stands” que muchas familias montan (por lo visto ilegalmente) en la entrada de sus casas, para vender tomates, cebollas, huevos o cualquier cosa que pudieran producir en sus huertas con el fin de ganar algo de dinero. Al llegar al colegio en Mwandi, al noroeste de Livingstone, nos esperaban unos 50 niños para jugar al fútbol, netball, rugby, voleibol… Ese número pasaría a ser posiblemente más de un centenar al terminar la tarde. Me quedé sorprendido por la calidez de la bienvenida, la naturalidad y las sonrisas de los niños. Mis hijos y yo jugamos con uno de los equipos y disfrutamos de una intensa sesión de fútbol. A la hora, y ante un posible alto riesgo de infarto, el Zidane de turno me mandó al banquillo ya que de seguir jugando podría haber terminado en el hospital. De este proyecto deportivo me voy con la clara impresión de que inculca a los niños unos valores muy importantes, de trabajo en equipo, de sacrificio, les ilusiona y les mantiene en forma Juegan 3 o 4 horas casi todos los días. Proyecto Safe House En el centro de Livingstone se encuentra el Safe House, éste era uno de los proyectos que más ilusión me hacía visitar. Es una casa de acogida para niñas de entre 14-18 años que están en una situación de vulnerabilidad. Cuando lo visitamos había 12 niñas viviendo en la casa, la matrona las cuida como si fuera una madre, pero bajo unas normas muy estrictas y poniendo el foco en el fomento de la colaboración y el reparto de funciones entre todas. Las niñas de Safe House nos recibieron con alegría y muestras de agradecimiento. Algo inesperado y emocionante. La matrona nos explicó que existen varias iniciativas para que el proyecto dependa menos de una subvención. Entre ellas la venta de los 30 huevos diarios que ponen las

Asante sana!

Aún recuerdo al poco de llegar a Kenia… Nos dirigíamos a lo que fue una de mis primeras visitas al segundo “slum” más grande de África: Kibera. Íbamos con prisa (como no) pues llegábamos tarde a una de las reuniones que teníamos con nuestros compañeros. En el camino entre saludos y “karibus” una persona quiso entablar una conversación con nosotrs a lo que le contesté que teníamos prisa, “si en África nunca tienes prisa”, respondió él. Pensé entonces que había optado por hacer una inmersión en una cultura que podía llegar a ser muy diferente a la mía, en este caso keniana, y eso me emocionó. He tenido la suerte en estos últimos seis meses de estar involucrado compartiendo y aprendiendo junto a la comunidad de Kibera en los proyectos sobre emprendimiento social en los que KUBUKA colabora desde hace algunos años. Proyectos y negocios que logran en Kibera y en su comunidad un impacto social positivo consiguiendo reducir desempleo y mejorando las condiciones de vida de muchas personas. Uno de los proyectos es “Kleanbera Recycling”, un negocio de compra y venta de material reciclable, que está creciendo gracias al trabajo y la dedicación de las personas involucradas. Con Wambugu y Patrick al mando, el negocio ha realizado su primera venta de material con la nueva adquisición: un camión, que les permite transportar y vender mayores cantidades y de manera más accesible. Desde entonces el negocio no ha parado de necesitar más manos y el equipo ha ido ampliando poco a poco. Esto es algo que me ha alegrado especialmente ya que en Kibera la tasa de desempleo juvenil es altísima. Otro de los proyectos es “Kibera Cinemax” que, junto con Patrick, ofrece a la comunidad películas y partidos de fútbol, aparte de espacios para foro de mujeres y otros espectáculos como los de los chicos de “Made In Kibera”. También hemos llevado a cabo talleres de manualidades con los niños y niñas ambientados en alguna película que elegíamos con cariño para poder disfrutar juntos de la magia de los dibujos animados: todo un punto de encuentro para con la comunidad donde se disfruta de la compañía de una manera sana y en grupo. En Kibera he vivido momentos duros de choque de realidades que de alguna manera también han sido de los momentos mas enriquecedores y bonitos de mi experiencia en África. Uno de ellos fue la primera vez que subí a Kibera y el impacto que generó en mi días después. A la vuelta de Kenia todo el mundo no ha parado de preguntarme cómo es Kibera, yo siento que mi respuesta se queda corta y que no logro expresar con palabras lo que realmente quiero transmitir, quizás sea porque aún sigo digiriendo mi experiencia… Es un territorio repleto de desperdicios de todo tipo que se van acumulando en las calles, acequias y esquinas, de casas bajas de espacios estrechos con poca iluminación y de baños compartidos por área de viviendas. Las personas que tienen allí su hogar, viven en condiciones de salud e higiene inimaginables donde las instituciones públicas han dado la espalda a alrededor de un millón de personas y donde la búsqueda por satisfacer las necesidades de comida, higiene, vivienda y trabajo se ve truncada por la falta de oportunidades y de recursos al alcance de la mayoría. Lo que más me ha impresionado de este contexto, en el día a día con personas que se han convertido en personas importantes para mí, ha sido su sentido de ”comunidad” profundo y “cooperativo” que he podido ver en gestos entre ellos/as y en el apoyo mutuo especialmente cuando las cosas se ponen difíciles… Y todo ello vivido desde una honda y característica dignidad. De las coordinadoras rescatar la manera de respetar y de acompañar en todo momento a los trabajadores Kenianos en los procesos de la organización y en el día a día, he aprendido mucho de ellas. En cuanto al equipo de KUBUKA en terreno, recordar el buen ambiente de trabajo, la sinceridad y cercanía a la hora de aportar reflexiones y opiniones distintas, así como la buena convivencia en casa donde hemos compartido vida, trabajo y risas. Al final del camino me preguntarán, ¿Has vivido, has amado?… y mi corazón se abrirá lleno de nombres” Asante sana! Muchas gracias! Álvaro Pérez Fernández

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