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Malcolm Bane tenía razón…

Una frase que leí hace unos años de un pastor llamado Malcolm Bane me hizo reflexionar sobre la sociedad en la que vivimos y, en concreto, sobre las disculpas que algunos buscamos para no ayudar a personas menos afortunadas. La frase fue la siguiente: “si esperas hasta que puedas hacer todo por todos, en lugar de hacer algo por alguien, terminarás sin hacer nada por nadie”. Casi todas las personas nacidas en países desarrollados somos conscientes del reparto tan injusto de la riqueza y recursos que hay en este planeta; sin embargo, nos convencemos de que es inútil intentar cambiar esta injusticia porque pensamos… “si donamos, seguro que la ONG se queda con todo el dinero”, “el Rey/Dictador/líder espiritual se lo gastará en otro Mercedes…”, “son vagos, es su culpa»… Hasta hace 4 años cuando me topé con la frase de Bane, estas disculpas me servían como justificación para no hacer nada, simplemente ignorar la situación y llenar mi vida de preocupaciones absurdas… ¿Meterá más goles CR7 o Messi? ¿El Ferrari/McLaren de Fernando Alonso llegará a completar 3 vueltas de Spa? Una vez que me di cuenta de que las disculpas carecían de fundamento, tomé la decisión de hacer algo, por muy poco que fuera y empecé a buscar una ONG con la que poder colaborar. Hablando de estos temas con una amiga tomando un café (ya sabemos, un “relaxing cup of café con leche in Plaza Mayor”), salió el nombre de una ONG, KUBUKA, y que, por casualidades de la vida, había sido cofundada por una chica, que al igual que yo, había estudiado en el Runnymede College en Madrid. Mi amiga me animó a investigar sobre la ONG ya que le constaba que estaba consiguiendo mejorar la vida de muchas personas en Kenia y Zambia. Vi un documental sobre KUBUKA y, tras escuchar a Álvaro Pérez-Plá, presidente de organización, comprendí la visión que tiene esta ONG de ayudar para crear proyectos que puedan llegar a ser autosostenibles. También me di cuenta de que KUBUKA representaba los valores que buscaba y que transmitía una transparencia absoluta. A través de mi empresa, ONYX Energy Consulting, que en ese momento era poco más que una start-up, empezamos a colaborar con una donación simbólica. Era el año 2015. Han transcurrido 3 años y ahora tenemos el honor de asistir a reuniones del Consejo de KUBUKA como asesores. Hemos visto de primera mano el desarrollo de la ONG, aunque solo desde el punto de vista organizacional, es decir, desde Madrid… No en el terreno, no habíamos visitado los proyectos de Kenia y Zambia, pero eso cambió a finales de junio de este año, cuando acompañado de mis dos hijos, fuimos a ver in-situ los proyectos en Zambia. ¡Una experiencia inolvidable! Llegamos al aeropuerto Harry Mwanga Nkumbula de Livingstone al sur de Zambia, frontera con Zimbabue, con la idea de compaginar turismo con la visita a varios proyectos de la ONG. Tenía cierta curiosidad por conocer el “proyecto deportivo” que está en una zona marginada al norte de Livingstone, el Safe House que acoge a niñas, en algunos casos huérfanas y, por último, quería ir a Kasiya, donde KUBUKA está construyendo, con la ayuda de la comunidad local, colegios y casas para los profesores. Tras un día visitando las cataratas Victoria, que ya por sí solas merecen un capítulo aparte, quedamos con tres miembros del equipo de KUBUKA en Zambia que encabezan la coordinación de varios proyectos. En ese momento conocimos a Joyce, Sofía y David, más adelante a Óscar y Virginia. Entre los cinco y con la ayuda de 2 o 3 personas más, coordinan todos los proyectos en Zambia. Juntos planificamos las visitas, empezaríamos por el proyecto deportivo esa misma tarde… Proyecto deportivo en Mwandi Fuimos a Mwandi en la furgoneta de KUBUKA, el contraste entre nuestro hotel y las casas de esa zona era impactante… Las carreteras de asfalto se convirtieron en caminos de tierra al igual que las casas que pasaron de una construcción sólida con ladrillos a ser de barro. Lo que no cambiaba eran las sonrisas de los niños y niñas, inalterables. Muchos de ellos guardaban los “stands” que muchas familias montan (por lo visto ilegalmente) en la entrada de sus casas, para vender tomates, cebollas, huevos o cualquier cosa que pudieran producir en sus huertas con el fin de ganar algo de dinero. Al llegar al colegio en Mwandi, al noroeste de Livingstone, nos esperaban unos 50 niños para jugar al fútbol, netball, rugby, voleibol… Ese número pasaría a ser posiblemente más de un centenar al terminar la tarde. Me quedé sorprendido por la calidez de la bienvenida, la naturalidad y las sonrisas de los niños. Mis hijos y yo jugamos con uno de los equipos y disfrutamos de una intensa sesión de fútbol. A la hora, y ante un posible alto riesgo de infarto, el Zidane de turno me mandó al banquillo ya que de seguir jugando podría haber terminado en el hospital. De este proyecto deportivo me voy con la clara impresión de que inculca a los niños unos valores muy importantes, de trabajo en equipo, de sacrificio, les ilusiona y les mantiene en forma Juegan 3 o 4 horas casi todos los días. Proyecto Safe House En el centro de Livingstone se encuentra el Safe House, éste era uno de los proyectos que más ilusión me hacía visitar. Es una casa de acogida para niñas de entre 14-18 años que están en una situación de vulnerabilidad. Cuando lo visitamos había 12 niñas viviendo en la casa, la matrona las cuida como si fuera una madre, pero bajo unas normas muy estrictas y poniendo el foco en el fomento de la colaboración y el reparto de funciones entre todas. Las niñas de Safe House nos recibieron con alegría y muestras de agradecimiento. Algo inesperado y emocionante. La matrona nos explicó que existen varias iniciativas para que el proyecto dependa menos de una subvención. Entre ellas la venta de los 30 huevos diarios que ponen las

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