Un día en la vida de… un confinado KUBUKA

Un día en la vida de... un confinado KUBUKA

Es imposible tratar la situación por la que está atravesando el mundo sin miedo a que tus palabras no expresen de forma suficiente el auténtico drama que está siendo la crisis sanitaria mundial que ha provocado el COVID-19. Por ello, no nos atrevemos a hablar de este tema en toda su magnitud, solamente plasmamos en este blog algunas reflexiones sobre lo que está suponiendo para parte del equipo KUBUKA el confinamiento.

Alejandra Carreño

Lo que más me ha sorprendido y me sorprende CADA DÍA es… Mi vecina Paz. Tiene 83 años, y vive con su marido en la casa de enfrente. Todos los días toca a mi timbre por algún motivo: la primera vez fue para hablar de puerta a puerta en el descansillo, porque necesitaba una compañía y conversación diferente, sus hijos viven fuera y no controla mucho el teléfono móvil. Otro día fue porque no entendía el tema de los aplausos (claro! ellos no tienen redes sociales que fue por donde se empezó a movilizar). Ahora sale todas las tardes encantada a aplaudir y me saluda desde su ventana, muy emocionada. Ayer me cosió una mascarilla para que baje al supermercado protegida, que me dio envuelta en papel albal y con sus guantes puestos, para no rozarnos. Y hoy ha venido a ofrecerme el puré de calabacín que ha hecho, y si no me gusta… hacerme cualquier comida. Este tipo de personas te devuelven la fe en la humanidad. No ha perdido la energía, vitalidad, generosidad, empatía y ganas de transmitir cariño ni un sólo día de los 17 que llevamos de encierro. Tenerla cerca, sin duda, me da mucha fuerza y me hace sentir acompañada en este momento tan loco.

Quiero… ABRAZAR, abrazar mucho!! Demostrar y recibir apoyo y cariño a través del contacto físico con mi familia y mis amigos. Las oportunidades que tenemos ahora mismo de hablar y contactar con cualquier parte del mundo y número ilimitado de personas a través de plataformas es alucinante y somos muy afortunados. Pero con una pantalla en medio todo es más frío y distante, y cada día pesa más.

Un antes y un después… OJALÁ. Creo que es una llamada de atención sobre cómo estamos haciendo las cosas. Con la humanidad, con la tierra… Creo que esto nos obliga a volver a poner el foco en nuestras casas, en nuestras familias, en educar a nuestros hijos y darles alternativas sanas de entretenimiento con sus padres y hermanos, a ser más creativos con ellos. Nos obliga a valorar el paso del tiempo y a vivir HOY. Nos obliga a entender que cada cosa que hacemos tiene efecto en el de al lado. Que somos  todos iguales, independientemente del país, edad, ideología, profesión… Nos obliga a ser agradecidos, a ser empáticos, a ser vulnerables y cariñosos. OJALÁ no se nos olvide en 3 meses…

María Vadell:

Lo que más me ha sorprendido es… Que estamos entrando en la tercera semana de confinamiento y creo que aunque podría destacar varias cosas a nivel individual, sin duda, con lo que me quedo es con la unidad que se ha logrado. No es la primera vez que la veo pero ahora pasan los días y este sentimiento cada vez es más fuerte. Me devuelve un poco la esperanza en la sociedad.

A nivel individual, me quedo con que otra vez me doy cuenta que no necesito tanto para vivir. He tenido la suerte por vueltas que da la vida de haber experimentado ya esa sensación de que cuanto menos tengo/necesito, más en paz me siento. Me entristece que con el paso del tiempo se me vaya olvidando o que me tenga que poner en una situación límite como esta para volver a abrir los ojos.

Quiero… Volver a casa unos días a ver a la familia y después, creo que nada en especial, más que volver a la normalidad lo antes posible.

Un antes y un después… Me gustaría pensar que sí. Debemos aprender de esto. A nivel individual, creo que cada uno debería hacer una reflexión profunda para ver cuáles son las necesidades reales en el día a día. Y, como no creo que sea la última pandemia que vayamos a vivir, creo que es muy importante que las organizaciones que toman decisiones que nos afectan a todos sean conscientes y más precavidos. No nos podemos permitir no ser eficaces y contundentes o que no se cuente con las provisiones necesarias o un buen plan de ataque.

Xavi González

Lo que más me ha sorprendido es... La facilidad que hemos tenido para asumir la situación y normalizarla. Si alguien nos hubiera dicho hace un año que toda la humanidad iba a tener que aislarse en casa, sin salir, sin ver a nuestras familias, nuestras personas queridas, durante más de un mes, nos hubiese parecido imposible. Al final se comprueba que las personas tenemos mucha más capacidad de adaptación de la que nos creemos.

Quiero… Mentiría si no dijera que lo que más echo de menos es poder ver y abrazar a mi familia, a mis amigos y amigas, a disfrutar de la compañía de la gente que quiero. Sin pantallas, sin barreras. Poder abrazar y besar a mis padres. Echo también mucho de menos la montaña y el campo abierto, levantar la vista y ver el horizonte y no el cielo encerrado entre edificios.

Un antes y un después… Estamos ante una oportunidad única de aprender que espero que la humanidad no desaproveche. Llevamos toda una existencia armándonos hasta los dientes contra un hipotético país enemigo y nos encontramos con que el enemigo más importante al que nos tenemos que enfrentar en este s. XXI lo llevamos dentro y no entiende de nacionalidades ni de creencias.

Además, a nivel social, este confinamiento es una prueba de que el decrecimiento sostenido es posible. Irremediablemente, aunque sea temporalmente, estamos consumiendo menos, contaminando menos y esto nos permite respetar el clima, los ecosistemas y los propios seres humanos. Estamos demostrándonos que somos capaces de vivir mejor con menos y espero que este aprendizaje perdure.

A nivel individual, esto nos demuestra también que el ser humano es altamente vulnerable. Tomar consciencia de ello y actuar en consecuencia nos permitirá estar menos enfocados en un futuro lejano y ser más capaces de centrarnos en el presente y disfrutar y apreciar lo que tenemos.

Y, por último, y siendo más concreto, espero que esta situación nos deje clara la importancia de una sanidad pública, universal y de calidad. Confío que nuestra clase política deje de precarizar la sanidad y a las personas que trabajan en ella y les dediquen los medios que se merecen. Si nuestra sanidad fuera de verdad la mitad de buena de lo que decimos que es, nuestro personal sanitario no tendrían que ser “héroes” y serían simplemente, trabajadores y trabajadoras haciendo su trabajo.

María Eugenia Rivero

Lo que más me ha sorprendido es… Siempre guardaré las sonrisas cruzadas entre terrazas de vecinos, los mensajes de ánimo de las personas que queremos y, en nuestra prisa por vivir, los dejamos como una segunda prioridad. Me quedo, me sorprende y me esperanza, la ayuda desinteresada de las personas, que día a día vemos a nuestro alrededor, desde los actos grandes y sonados, como bajar la basura a quien lo pueda necesitar. Porque tenemos mucho que ofrecer: recibir fuerzas para dar fuerzas y así, todos podamos construir a partir de lo que estamos viviendo. Me gusta pensar en una cadena de sonrisas, pero de las de verdad, de las que con la mirada, das gracias, ánimos y, a veces, hasta puedes abrazar. Espero que todos lancemos muchas de esas sonrisas porque cuando las necesitemos, alguien estará allí. No sé si me sorprende, pero es con lo que me quedo, en lo que construyo y lo que me gusta transmitir.

Quiero… Ser útil, quiero que mis actos me representen y creen un impacto positivo. Pensar en «cuando todo esto acabe», «cuando nos liberen» como un personaje propio situado en otro espacio tiempo totalmente evadido de la situación, es una ilusión irreal. Ha pasado, y esto va a dejar una brecha.
Mi madre, que además es mi persona favorita del mundo, me enviaba una carta sorpresa, en la que añadía un pequeño dibujo que citaba: «te mando un cachito de verano, que lleva colores, luz, sol y arena. Dentro de poquito estaremos buscando una dunita al abrigo del viento para pintar». Si alguna vez habéis vivido un levante en el sur, entendéis lo que es abrigarse del viento, es poner tiempo y ganas para encontrar ese lugar que, si te mueves un centímetro más no estás bien, pero justo allí, se está en el cielo. No penséis que se encuentra fácil, pero cuando lo encuentras, la tarde de playa es gloriosa.
Vamos a buscar esos sitios, a los que cuesta un poco más llegar, pero merecen la pena. Quiero ir a la carnicería del barrio, a la frutería, y por supuesto, a una cerveza al sol, pero busquemos esos sitios donde nos necesitan y donde tu aperitivo, además de genial, creará un impacto positivo. Cuando volvamos no será una realidad paralela, será una continuación, sigamos cuidándonos los unos a los otros.

Un antes y un después… Creo que servirá para concienciarnos de que hay cosas para las que no existen fronteras y por las que hay que remar juntos. Que lo que parecía un problema que no nos incumbía, nos ha azotado fuerte y, ahora suplicamos ayuda. Creo en la cooperación conjunta para dejar de pensar como países o entes individuales y mirar un poco más lejos. Creo que vamos a vivir un panorama mundial nuevo y, como pasa con las personas, hay que construir todos juntos. Espero que seamos capaces de hacerlo.

Cristina Cabañas

Lo que más me ha sorprendido es… Que exista la opción de parar el mundo. Que se vacíen las calles. Que seamos responsables (aunque unos pocos no, siempre hay excepciones) y llevemos ya sin salir de casa tres semanas; recordando siempre que no estamos encerrados, estamos a salvo.

Quiero… Disfrutar de Madrid y sus calles con la gente que quiero.

Un antes y un después… Yo creo que algo habrá cambiado en las personas el haber vivido esta situación, aunque luego al cabo de un tiempo se nos olvide una parte, creo que nos quedará huella o eso espero. Siempre digo que todo pasa por algo, y creo que el mundo necesitaba parar un poco, todos necesitábamos bajar un poco el ritmo. Hacer las cosas que justificamos no hacer por falta de tiempo, disfrutar de nosotros mismos, aprender a cocinar algo decente, modernizarnos con vídeo llamadas y valorar más los abrazos. Podría haber pasado todo esto en otras circunstancias, sin morir gente y sin virus. Pero seguramente era la única forma de parar el mundo.

Cada vez que vuelvo de una de mis visitas a Kenia, al pisar España siempre pienso lo mismo. En la prisa que tenemos por hacer muchas cosas sin cuidar demasiado a las personas, en el consumismo exagerado, y en lo poco que nos cuidamos unos a otros, desde tu familia hasta el panadero que ves todos los días.
Como dicen los africanos refiriéndose a Europa «ellos tienen el reloj pero nosotros tenemos el tiempo», ¡cómo me gusta esta frase!

María Simal

Lo que más me ha sorprendido… La situación en sí, parece una película de ciencia ficción y ahora me planteo que quizás, cualquier día nos invadan extraterrestres o nos ataque una araña gigante que acabará con la Humanidad… Ahora me doy cuenta de lo frágiles que somos.

La radio como gran compañera de confinamiento; la cocina como herramienta que te lleva al disfrute de la comida, elemento muy motivador en estos tiempos difíciles; la falta de energía, a pesar del positivismo, necesito hacer menos cosas (pero he aprendido a aceptarlo) y, por último, el tener casi más vida social por vídeo llamada que cuando podía salir a la calle.

Quiero… Tengo muchísimas ganas de ir a mi casa, estar con mi familia, pasear por Palencia relajadamente, achuchar a mi sobri (de lo que más). Además, no dejo de pensar en la playa, tirarme en la arena , al solecito, el mar, un tinto de verano… Y, por supuesto, lanzarme a las terrazas de Madrid con mi gente. Será un momento de dar las gracias.

Un antes y un después… Yo creo que el cambio ya se está produciendo, este bicho ha despertado a gran parte de la sociedad y espero que no nos olvidemos y que nos sirva para crecer, esta es mi esperanza. Hay que aprovechar este tiempo para ahondar en nuestro interior, para parar y centrarnos en lo de dentro, indagar, descubrirnos, aceptarnos, cuidarnos, amarnos… y, a partir de aquí es mucho más fácil construir hacia fuera, bueno, realmente creo que es la única manera de crear algo que merezca la pena. Espero que este letargo nos sirva para despertar y empezar a preocuparnos de las cosas que realmente importan. Esta pandemia ha puesto a todo el mundo al mismo nivel, estamos en el mismo barco, no importa el dinero que tengas, tu procedencia, raza, sexo…, así que espero que empecemos a trabajar mano a mano por un mundo mejor.

A nivel de la sociedad española, ojalá que por fin nos demos cuenta de la importancia de invertir en Sanidad, Educación, Ciencia e Investigación. Aquí esta la prueba, solo así podremos avanzar.

Gracias por regalarnos estas palabras. Gracias a las personas confinadas por hacer lo que deben. Gracias a las personas que se están dejando la piel, por estar a pie del cañón sin queja, en especial al personal sanitario y toda la gente que está trabajando en estos días. Gracias a la gente solidaria, que está poniendo su granito de arena en esta mega crisis. Gracias a nuestro equipazo KUBUKA, el de España, Kenia y Zambia, por el esfuerzo ahora y siempre. Gracias por las reuniones a través de vídeo llamada que siempre te sacan una sonrisa o varias. Gracias por no olvidar y gracias por actuar. Gracias

#quedateencasa

 

 

 

 

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