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Volver y volver siempre a África

Recuerdo desde pequeña escuchar la misma frase de mi padre, que me repetía una y otra vez: “Hija, una vez que pongas el pie en un país africano, vas a querer volver una segunda, una tercera, una cuarta vez, te lo aseguro”. Y, efectivamente, tenía toda la razón. 

Hace cuatro años tuve la suerte de ser voluntaria en una ONG en Tanzania y, nada más llegar a España, lo primero que le dije a mi padre fue “voy a volver”. Y así fue. 

Decidí seguir preparándome para poder dedicarme en un futuro al mundo de la cooperación, el cual llegó mucho antes de lo que imaginaba. Recuerdo el momento en el que me confirmaron que había sido seleccionada como coordinadora de proyectos en Kenia, en KUBUKA, una ONG a la que seguía de cerca desde hacía tiempo. No sé qué temblaba más, si mis manos, mi voz o mi madre que, rápidamente, inició una investigación a fondo sobre lo que me iba a encontrar en Nairobi. La verdad es que me alegro de que internet no acertase en absoluto sobre la realidad de lo que es Kenia, siempre he pensado que tienes que saborear las cosas por tí misma, dejarte sorprender por lo que te rodea.

El día que llegué fue una verdadera montaña rusa de emociones. Un vuelo interminable, problemas en la aduana, llegar a casa sola (un quinto sin ascensor y 40 kg en maletas), primer corte de electricidad durante horas (algo que se ha vuelto parte de nuestra rutina), etc. Sin embargo, en medio de ese caos, llamaron a la puerta Eli y Jackie, coordinadoras de los proyectos de Humanitas y Kleanbera respectivamente, con una sonrisa de oreja a oreja dispuestas a acogerme de manera inmejorable. Nos tomamos un té mientras nos conocíamos y después me acompañaron a hacer todas las gestiones logísticas de un primer día en un país desconocido (hasta a hacer la compra, imaginad qué perdida me estarían viendo).

Los siguientes días volaron entre visitas a proyectos, conocer al equipo local, caminar por Kibera hablando y presentándome a todo el mundo con el poquito swahili que recordaba, esperando que dejasen de gritar mzungu cada vez que me viesen (ya se saben mi nombre, pero siguen prefiriendo llamarme mzungu), comer mucho chapati y, poco a poco, intentar aterrizar en lo que iba a ser mi nueva vida.

Hace casi dos meses de mi llegada, tiempo que ha pasado en un abrir y cerrar de ojos, pero han logrado que ya sea completamente parte de todo esto. Estoy y me siento en casa, rodeada por una nueva familia que me hace ver que estoy acompañada en cada paso que doy. He sentido mis primeros momentos de frustración en los proyectos, pero compensan con creces todos en los que me he emocionado, y creo que eso es lo que me conecta tanto con esta nueva etapa, que mi trabajo es parte de la vida que siempre he querido tener. Miro hacia adelante y pienso en todo lo que me queda por aprender, por descubrir y comprender, por compartir…Me hace muy muy feliz saber que todavía me queda mucho tiempo aquí, que voy a poder saborear todo esto y que voy a seguir dando lo mejor de mí y dejándome enseñar por tanta gente maravillosa.

Gracias KUBUKA, por dejarme formar parte de esta gran familia, ¡os estaré agradecida siempre! 

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