Un día en Kasiya de la mano del voluntariado de verano

Un día en Kasiya de la mano del voluntariado de verano

Amanece en Kasiya ¿Despertador? No, es el gallo el que nos informa de que un nuevo día comienza, y qué mejor forma de arrancar motores que haciendo ejercicio, así que como aquí el Crossfit no se estila, vamos a buscar agua al pozo. Subimos rodando el bidón, cual hamster en la rueda, ¡pero mira! aquellas mujeres llevan grandes cubos de agua sobre sus cabezas. Y es que el chetenge es maravilloso: no solo es una falda colorida y cómoda, sino que también, colocada de forma adecuada permite llevar grandes pesos en la cabeza, e incluso portear al bebé ¡todo un invento!

Con tanto movimiento nos ha entrado hambre. Todos los días comemos nshima (eso sí, con acompañamientos varios). Y el trabajo que cuesta hacerlo, porque no es fácil remover la harina de maíz con agua hasta que adquiere la consistencia adecuada, y más teniendo en cuenta que las cocineras preparan la comida para unas 200 personas.  ¡Vaya bíceps!

A estas horas apetece una ducha relajante. Bueno, lo del relax tendrá que esperar, porque hay que preparar el fuego, llevar el agua, calentarla y transportarla hasta las duchas, véase, unos círculos de paja en los que con un cacito, te vas remojando. La sensación de libertad en este improvisado spa no tiene precio, como tampoco lo tiene acabar el día con unas puestas de sol alucinantes, o sentarte al lado del fuego con tus compañeros a contemplar un manto de estrellas (ya que aquí no existe contaminación lumínica que las oculte).

 

Puedes conocer más acerca del proyecto de Kasiya Community school en nuestra página web

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